La Habana amaneció con semáforos apagados, cruces sin control y una rutina urbana adaptada a la falta de luz. El nuevo colapso del Sistema Eléctrico Nacional, ocurrido la noche del domingo, dejó sin suministro a toda Cuba y sumó otro episodio a una secuencia de interrupciones que ya se volvió parte de la vida diaria
Para muchos cubanos, el problema dejó de medirse en estadísticas. La incertidumbre se instaló como norma: no saber cuándo vuelve la electricidad ni cuánto durará antes del próximo corte. Antes de pensar en el desayuno, Diana Salazar revisó la heladera para evitar que la comida se perdiera, una escena repetida en hogares de todo el país
Vivir alrededor del apagón
La población aprendió a reorganizar su jornada en función del servicio eléctrico. Cocinar apenas hay luz, cargar teléfonos de inmediato y comprar alimentos en cantidades pequeñas se convirtieron en hábitos de supervivencia frente a una red inestable
Las calles de la capital reflejaron ese estado de ánimo. Hubo estaciones de servicio cerradas, basura acumulada en las veredas y peatones caminando bajo alumbrado apagado mientras el tránsito avanzaba sin semáforos. Nosbiel Castillo resumió el desgaste con una frase repetida por muchos: levantar, acostarse y despertarse sin electricidad ya forma parte de la rutina
Una red frágil y sin margen
Durante las últimas semanas, los cortes llegaron a superar las 30 horas consecutivas en algunos sectores de La Habana y en varias provincias del interior pudieron extenderse por días. La electricidad, que antes era una certeza básica, pasó a ser una excepción
El Gobierno inició un restablecimiento gradual mediante un microsistema para reincorporar centrales termoeléctricas en distintas zonas del país. El proceso depende de una disponibilidad de combustible muy limitada, uno de los principales cuellos de botella del sistema energético cubano
La crisis combina varias tensiones: plantas envejecidas, averías frecuentes y escasez de combustible. Según las autoridades cubanas, en los primeros siete meses del año solo llegó al país un buque ruso con 100.000 toneladas de petróleo. A eso se suman las sanciones económicas y petroleras que, sostienen en La Habana, complican todavía más el abastecimiento y la generación eléctrica
Un regreso parcial y sin alivio
En la mañana del lunes, solo una parte de La Habana había recuperado el servicio. Algunas luces volvieron a encenderse y ciertos barrios salieron de la oscuridad, pero el alivio fue breve. Un apagón parcial ocurrido el día anterior ya había anticipado el colapso total
La isla quedó así atrapada en una normalidad precaria, donde cada recuperación parece temporal y cada día empieza con la misma pregunta: cuánto tardará en volver a irse la luz