LA HABANA. Cuba atraviesa una crisis energética severa, con cortes de luz que en muchos lugares duran gran parte del día, pero el país no se ha paralizado. En medio de la presión de Estados Unidos y de la caída del suministro de petróleo venezolano, la isla ha empezado a sostenerse con una red informal de soluciones improvisadas

Automóviles antiguos fueron reemplazados por mototaxis eléctricos, familias importan baterías de litio para mantener encendidos ventiladores y televisores, y en techos de casas, comercios y hasta vehículos aparecen paneles solares. También se multiplican los generadores adaptados para funcionar con gas natural, una de las pocas fuentes de energía que sigue fluyendo dentro del país

La vida diaria se reorganiza alrededor del apagón

La escasez de combustible alteró los hábitos más básicos. Hay familias que caminan horas para conseguir agua porque las bombas no tienen diésel; otras cocinan con leña en la calle por falta de gas; y muchas almacenan alimentos en refrigeradores apagados, usados ahora como simples alacenas

Al mismo tiempo, la isla sigue funcionando a medias. Hay hospitales, edificios oficiales y el aeropuerto con suministro eléctrico en zonas protegidas de la red. Algunos restaurantes trabajan con generadores ruidosos, las tiendas abiertas dependen de paneles solares y, en ciertos puntos, hasta se sirven bebidas frías gracias a equipos alimentados por el sol

La crisis también profundiza la desigualdad

La nueva infraestructura energética no llega por igual. Las baterías, los paneles solares y los vehículos eléctricos están, sobre todo, en manos de quienes tienen más recursos o parientes en el exterior. Para los hogares más pobres, la falta de electricidad se traduce en comida que se pierde rápido, noches sofocantes y salarios que no alcanzan para cubrir lo básico

Algunos negocios lograron reabrir gracias a la energía solar, pero el alivio es parcial. En varios barrios, la electricidad de un generador privado alcanza incluso para cargar teléfonos ajenos o proyectar dibujos animados en la calle para los niños

Solar, gas y baterías como salvavidas

El gobierno cubano intenta estirar al máximo sus recursos: corta la electricidad por horarios, baja la carga de las plantas para evitar fallas y trata de aprovechar hasta los residuos pesados acumulados en antiguos tanques de combustible. A la vez, avanza la instalación de parques solares con apoyo chino

La energía fotovoltaica ya cubre una porción relevante de la demanda, aunque sigue siendo insuficiente para la noche, cuando el consumo sube y la generación cae

En ese contexto, las baterías portátiles de litio se volvieron uno de los bienes más buscados. También crece el uso doméstico del gas por tubería, que alimenta generadores modificados y ofrece una rareza en la crisis: una fuente local, relativamente estable y barata para una parte de los hogares

Resistir sin salir a la calle

El malestar existe, pero las protestas siguen siendo limitadas. Muchos cubanos dicen estar cansados y enojados con La Habana y con Washington, aunque temen las consecuencias de hablar en público. La reacción más extendida no ha sido la movilización, sino la adaptación: inventar, reparar, compartir y seguir

En esa lógica se mueve buena parte de la isla. Mientras el gobierno de Estados Unidos insiste en presionar para que el sistema cubano ceda, y La Habana busca ganar tiempo, la población continúa resolviendo como puede. En Cuba, sobrevivir sigue siendo, ante todo, un ejercicio de inventiva