La escena cultural de Paraná confirma una estrategia sostenida en el tiempo: invertir en infraestructura, sumar instituciones y convertir el arte en parte del desarrollo urbano. En esos días, además, está en marcha la licitación para una nueva sede del Museo Pompidou en Foz de Iguazú, diseñada por Solano Benítez y pensada como un conjunto de galerías interiores y exteriores enteramente construido en ladrillo colorado

Ese proyecto no aparece aislado. Forma parte de una red de espacios y programas que se fue consolidando durante décadas, con decisiones públicas que entendieron la cultura como un eje de ciudad. En Curitiba, esa visión vuelve a quedar a la vista con la 16ª Bienal, instalada en una capital que combina arquitectura emblemática, museos singulares y una agenda expositiva amplia

Una bienal en clave de umbral

La sede principal es el Museo Oscar Niemeyer, uno de los grandes íconos de la ciudad. El complejo, unido por un túnel, reúne además colecciones permanentes de arte oriental y africano, fruto de donaciones privadas reunidas por coleccionistas locales durante sus destinos diplomáticos

La Bienal lleva por título Limiares, una referencia a los límites o umbrales. Sus curadoras, Adriana Almada y Tereza de Arruda, proponen pensar un presente en el que las fronteras entre lo humano y la tecnología, o entre lo humano y lo artificial, se vuelven cada vez más porosas. En ese marco, el recorrido reúne obras que dialogan con la memoria, la materia y el cambio

Entre las piezas más visibles aparece Poéticas de memoria y materia, de Chiharu Shiota, una instalación inmersiva hecha con hilos rojos y cartas enviadas por habitantes de Curitiba y de otras ciudades. La obra ocupa la sala principal con una fuerte presencia visual, aunque el conjunto gana densidad en el resto de las salas y sedes

También sobresalen dos artistas argentinos. Matilde Marín presenta Campos de hielo, un video que registra la belleza extrema de un paisaje y su posible desaparición. Guillermo Srodek-Hart exhibe un tríptico sobre un espacio devocional humilde y sincrético, transformado por su mirada en una imagen poderosa y precisa

Ciudad, museo e identidad

Luiz Ernesto Meyer Pereira, director de la Bienal, resume una idea central de Curitiba: el crecimiento urbano no se pensó separado del desarrollo cultural. Desde los años 40, la ciudad debió responder a nuevas demandas de transporte, parques, reciclado e infraestructura. Pero también incorporó la cultura como un lugar de encuentro, construcción comunitaria y reflexión colectiva

El Museo Paranaense encarna bien esa lógica. En el casco histórico, combina una casa de época con un anexo contemporáneo y organiza un relato que une historia, arqueología, antropología y arte. Más que una lección escolar, ofrece una narración sensible sobre quienes habitaron el territorio, quienes llegaron después y quienes fueron traídos por la fuerza

Máscaras indígenas, retratos académicos, catálogos botánicos, fotografías tempranas y obras contemporáneas conviven en un mismo guion expositivo. El resultado es un recorrido atento a la diversidad y a la construcción de una identidad local compleja

Otras paradas indispensables

La galería Simões de Assis propone otra experiencia intensa, con obras de Cícero Dias y Manfredo de Souzanetto en una sede que reinterpreta el cubo blanco con energía brasileña. El Instituto Cervantes muestra cerámicas recientes de José Do Amaral y Soraia Savaris

El Museo de Arte Indígena, de acceso comunitario, exhibe piezas rituales de plumas con montaje cuidado. Y el Museo Alfredo Andersen, instalado en la casa-taller restaurada del pintor nacido en Noruega en 1860, también integra el circuito de la Bienal

A esa red se suman la Ópera de Arame, construida en vidrio y hierro, y la expectativa por un nuevo espacio de Arte y Tecnología en la antigua fábrica de cerveza Brahma. Como cierre, queda una visita excepcional: la única obra de João Batista Vilanova Artigas en Curitiba, una residencia brutalista de hormigón y grandes paños vidriados en medio de una vegetación densa

Hoy es patrimonio protegido y alberga la colección de muebles y cerámica de Marcos Bertoldi, que conserva y cuenta su historia