Darío Sztajnszrajber vuelve sobre una pregunta que lo acompaña desde hace años: para qué sirve la filosofía. En torno a su libro ¿Para qué sirve la filosofía?, el pensador propone desplazar el foco y poner en duda la idea de que todo debe tener una utilidad inmediata

La utilidad, bajo sospecha

Para Sztajnszrajber, la filosofía no ofrece una respuesta cerrada sobre su propia utilidad. Más bien, abre una incomodidad necesaria: interroga por qué la exigencia de servir parece gobernarlo todo

Según plantea, la utilidad se transformó en un valor dominante, aunque no deja de ser solo una manera posible de vincularse con las cosas. Desde esa mirada, la filosofía corrige el exceso de omnipotencia que impone esa lógica y habilita una relación más amplia con la existencia

Tomar distancia de uno mismo

El autor sostiene que hay un gesto propiamente humano en la capacidad de correrse de la acción propia y observarla desde afuera. Ese movimiento, dice, es el que da origen al pensamiento filosófico

Ese desdoblamiento permite mirar lo que hacemos desde otro lugar y abrir espacio para una experiencia menos automática, más crítica y también más sensible

Una vida que no rinda todo el tiempo

Sztajnszrajber también cuestiona la idea de que cada práctica deba producir resultados inmediatos. Defiende la posibilidad de hacer cosas que no estén guiadas de manera permanente por el principio del rendimiento

En su planteo, la vida es demasiado breve como para quedar enteramente sometida a la lógica de la ganancia, la acumulación y la productividad

Desde esa perspectiva, pensar la felicidad o el amor con los parámetros de la utilidad y la planificación deja algo afuera. La filosofía, concluye, devuelve preguntas, corrige automatismos y abre otras formas de mirar lo humano