Información tan habitual como la dirección de facturación de una tarjeta de crédito o la matrícula de un vehículo puede terminar en sistemas que utiliza el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos para identificar y localizar personas

Ese cruce de datos alimenta la preocupación entre migrantes por el alcance de las herramientas de vigilancia y por la posibilidad de que registros pensados para usos comerciales o administrativos acaben en investigaciones migratorias

Direcciones y perfiles financieros

Cuando una persona solicita una tarjeta de crédito o actualiza su domicilio de facturación, esos datos pueden llegar a los grandes burós de crédito. Allí se generan perfiles asociados al consumidor con información como nombre, número de Seguro Social, teléfono, dirección y correo electrónico

Aunque el historial crediticio tiene ciertas protecciones, los llamados credit headers tienen otro tratamiento. Los burós pueden vender esa información a intermediarios especializados, entre ellos plataformas que reúnen datos de múltiples fuentes

En ese esquema, el ICE mantiene contratos para hacer búsquedas y localizar personas, incluso sin contar necesariamente con una orden judicial. Las direcciones obtenidas pueden combinarse después con otros sistemas usados por la agencia para ubicar objetivos y preparar operativos

El riesgo de los errores en los registros

La información de estas bases no siempre refleja la situación real de una persona. La unión de distintas fuentes puede generar coincidencias equivocadas y dejar a alguien vinculado con un domicilio ajeno, por ejemplo el de un familiar con el que compartió un pago

Además, el ICE puede recurrir a una subpoena, un mecanismo administrativo para pedir documentos o registros a empresas cuando los considera relevantes para una investigación migratoria. No equivale a una orden de registro judicial y, en algunos casos, la compañía receptora puede cuestionar su alcance

Según el marco legal vigente, ese recurso permite solicitar información cuando sea útil para hacer cumplir las normas migratorias. En la práctica, eso significa que datos entregados originalmente a una empresa privada pueden terminar integrando una pesquisa del gobierno

Cámaras, matrículas y movimiento vehicular

La inquietud también alcanza a las redes de cámaras que leen placas de autos y registran sus desplazamientos. Estos sistemas pueden identificar matrículas de forma automática y asociarlas con recorridos específicos

La empresa que opera una de estas plataformas sostiene que sus registros no se envían automáticamente a agencias federales y que cada comunidad decide cómo compartirlos. El Departamento de Seguridad Nacional, por su parte, afirmó que no mantiene contrato con esa firma

Para especialistas en inmigración, el avance de estas tecnologías amplió el alcance de las investigaciones mucho más allá de los expedientes tradicionales. Hoy, una compra, una dirección, un trayecto en auto o un servicio contratado pueden convertirse en una pista útil para localizar a una persona