Desde un kayak, Gustavo Barach mira el lago, su casa y el paisaje que lo rodea en el norte de Italia. Ese contacto diario con el agua y la naturaleza le sirve para ordenar recuerdos, dudas y una pregunta que lo acompaña desde hace décadas: qué habría pasado si su vida hubiera seguido en Argentina
La partida que abrió otro mapa
Salió del país a los 21 años, sin ganas de huir, sino de conocer otras realidades. Primero se instaló en Italia, en la casa de una amiga en Bracciano, cerca de Roma. Poco después conoció a quien sería su primera esposa y, ya casados, se mudaron a Alemania, donde nació su hijo Danilo
La experiencia alemana le dejó aprendizajes que todavía valora: el orden, la puntualidad, la seriedad y una forma distinta de trabajar. Pero también le trajo una etapa de angustia marcada por el invierno, la distancia con sus padres y la barrera del idioma
Volver a Italia, crecer en la cocina
Cuando regresó a Italia, encontró un entorno más familiar. Allí retomó su vínculo con amigos, con otros argentinos y con una vida cotidiana que le resultaba más cercana. Trabajó en restaurantes, aprendió técnicas y calidad gastronómica, y terminó abriendo su propio local
Más tarde aceptó una propuesta para cocinar en Bangkok. Vendió su restaurante en Bracciano y se fue a Tailandia en abril de 1999. Dice que ese país le mostró contrastes profundos: le impresionó la dignidad de la gente, las dificultades económicas y también las desigualdades que vio, sobre todo para las mujeres
La nostalgia de volver
Hoy vive en Castelletto sopra Ticino, a orillas del lago Maggiore, con su pareja actual y su hija de 13 años. Sigue trabajando como representante especializado en carnes argentinas para una empresa alemana en Italia, y viaja con frecuencia a Alemania, un país al que dice volver con gusto
Cada regreso a Buenos Aires le mueve algo profundo. Al sobrevolar la ciudad, recuerda a sus padres, su infancia y su adolescencia
Reconoce que irse también significó dejar atrás una etapa de su vida, y admite que a veces piensa en el hombre que habría sido si nunca hubiera partido. Su conclusión, después de décadas afuera, es que las personas comparten los mismos problemas en cualquier lugar; lo que cambia son las oportunidades y las condiciones de vida