Lee Torrens dejó Australia cuando tenía 24 años. Como muchos de sus amigos, quiso probar suerte en otros destinos y empezó una etapa de viajes que primero lo llevó a Londres y después de regreso a su país, donde armó una carrera en tecnología. Pasó por la reparación de computadoras, luego por redes y servidores, y más tarde llegó a una de las empresas de diseño más reconocidas del mundo
Pero esa vida lineal no terminaba de representarlo. Siempre se sintió atraído por los cambios drásticos, y una relación con una mujer argentina, a quien conoció en un viaje a Roma, terminó de empujarlo hacia un nuevo destino: Buenos Aires
Una llegada con adaptación rápida
Cuando decidió instalarse en la Argentina, Lee ya trabajaba de forma remota y podía vivir en cualquier lugar. El costo de vida más bajo que en Australia, sumado a la posibilidad de empezar una vida nueva, hicieron que la mudanza tuviera sentido para él. También fue una decisión que no sorprendió demasiado en su entorno: antes ya había vivido lejos de casa por períodos prolongados
En Buenos Aires encontró un trato que lo hizo sentir bien recibido. Dice que percibió a los argentinos como personas cálidas, amables y curiosas. Con el tiempo, además, dejó de verse como un extranjero de paso: se integró a la vida local, formó una familia y decidió quedarse
Trabajo, disciplina y un negocio propio
Sin hablar castellano al llegar, buscó una salida laboral que pudiera sostener en inglés y por internet. Hizo diseño web, fotografía de stock y mantuvo un blog que terminó conectándolo con Canva. Allí trabajó durante siete años y acompañó el crecimiento de una empresa que pasó de un pequeño equipo a cientos de empleados
Después de una etapa de cansancio, vendió parte de sus acciones y acordó tomarse un año sabático. En ese tiempo cambió varios hábitos: bajó de peso, se volvió vegano y empezó un proyecto personal que terminaría convirtiéndose en un negocio gastronómico
Así nació Koala Palermo, una propuesta enfocada en comida saludable y sustentable. Lee dice que la idea fue desafiante desde el inicio: se metió en gastronomía siendo vegano, en la Argentina y con toda la estructura registrada de forma formal
Para él, el objetivo es claro: que la gastronomía pueda convivir con el planeta sin resignar sabor ni experiencia. También reconoce que el mayor reto en el país es sostener procesos transparentes, prolijos y en regla, en un contexto donde eso no siempre resulta sencillo
Aprender otra forma de vivir
Lee compara con frecuencia ambas culturas. Sostiene que Australia funciona con reglas estrictas y consecuencias rápidas ante cualquier incumplimiento, mientras que en la Argentina el orden social se construye de otra manera. También notó diferencias en la relación con la puntualidad y las normas, aunque dice que aprendió a convivir con esos matices
Con el paso del tiempo, asegura que dejó de mirar todo en términos absolutos. Dice que se volvió más flexible y que entendió que en la Argentina, con trabajo y entusiasmo, todavía hay espacio para crear cosas nuevas
Ese aprendizaje, afirma, le permitió combinar rasgos de ambos países: la hospitalidad y el cuidado que asocia con Australia, y la calidez y la pasión por la comida que encontró en la Argentina
Una vida que, según él, mejoró
Su familia en Australia sigue siendo parte central de su historia. Su madre todavía se emociona cada vez que se despiden en el aeropuerto, y ahora también despide a sus nietos, que viajan dos semanas al año para visitar ese país. Hablan por videollamada todas las semanas
Lee reconoce que la situación económica argentina tiene dificultades, pero dice que en lo personal su calidad de vida subió desde que se mudó. Menciona una casa más grande de la que habría tenido en Australia, acceso a productos de alta calidad a precios mucho más bajos y hasta la ayuda de un piletero y personal para el jardín, algo que considera un lujo en su país de origen
Sin embargo, aclara que lo que más valora no es lo material. Destaca la calidez, la curiosidad y la atención hacia los demás como rasgos que encontró en la Argentina y que, para él, hacen diferencia todos los días