Antes de que abra el salón, los troncos de quebracho ya esperan junto al fuego. La escena se repite todos los días en Estilo Campo, una de las parrillas más reconocibles de Puerto Madero, donde el asado a la estaca sigue siendo parte del ritual y también del atractivo del lugar

Desde 2001, el restaurante ocupa un edificio grande, distribuido en varios salones y con terraza sobre el canal. Allí, la ambientación remite al mundo de la estancia: madera, objetos del campo, mantel blanco en el interior y mesas más descontracturadas en el exterior. “No hay otro lugar así”, resume Carlos Yanelli, Toti, gerente de la casa desde su apertura porteña

Un origen anterior a Puerto Madero

La historia de Estilo Campo empezó mucho antes de su etapa actual. Según Yanelli, el restaurante abrió por primera vez en 1988 sobre la vieja Panamericana, en una zona que reunía propuestas gastronómicas, cantinas y cabarets. La ampliación de la autopista terminó por vaciar ese corredor y el local cerró

Recién años después surgió la posibilidad de relanzarlo. Uno de los socios abrió primero otro restaurante, Ramona, y allí un grupo de clientes habituales, todos vecinos de Ciudad Evita y vinculados a distintos rubros, comenzó a imaginar una inversión en Puerto Madero. Así nació la versión actual de Estilo Campo, entre cinco socios, uno de ellos Hugo Basilotta

Un restaurante armado como tradición

El proyecto fue pensado para sostener una identidad bien marcada. La estética gauchesca no quedó en la decoración: también se replica en la lógica de trabajo, en el ruedo, las estacas y la cocina propia. Parte de los pisos de madera se construyó con vigas originales del antiguo depósito de granos que ocupaba el predio

La casa conserva una estructura que, salvo ajustes puntuales, cambió poco en más de dos décadas. El último fue en la terraza, donde reemplazaron los vidrios repartidos de las bow windows por paños enteros para ganar luz y vista

Menos consumo, más precisión

El negocio también se adaptó al contexto. Con la caída del consumo, el restaurante ajustó el tamaño de los cortes para reducir desperdicios. La operación sigue siendo grande: el lugar puede recibir unas 400 personas, aunque hoy está armado para 330, y en un buen mes llegó a atender 19.000 comensales

La parrilla trabaja con animales pesados para la cocción a la estaca y con cortes más livianos para otras preparaciones. En la cocina tienen incluso su propia carnicería. Pero el volumen ya no es el de otras épocas y el público argentino pasó a ser casi exclusivo: hoy representa más del 90% de los clientes

Clientes fieles y barrio en cambio

Estilo Campo sostiene buena parte de su actividad en la clientela habitual. Muchos mozos llevan décadas en la casa y conocen a los comensales por nombre y por costumbre. También mantienen la vestimenta tradicional, con bombacha de campo, cinto y pañuelo al cuello

La evolución de Puerto Madero, sin embargo, no ayudó. La obra del Paseo del Bajo y la pérdida de estacionamientos redujeron el flujo de público. Yanelli calcula que el barrio perdió alrededor del 40% de sus comensales. Aun así, el restaurante sigue recibiendo figuras del espectáculo, del fútbol y de la vida social porteña

La carne, el gusto y la permanencia

Para Yanelli, la clave sigue siendo la misma: conservar una tradición sin dejar de leer lo que pide el público. El asado a la estaca, el vacío y el bife de chorizo siguen entre los pedidos más estables, aunque también ganaron espacio cortes más recientes como la entraña, el tomahawk o el T-Bone

La variedad está pensada para públicos distintos: quienes prefieren la terraza informal, quienes eligen el salón más clásico y quienes piden la carne más jugosa o bien cocida. En Estilo Campo, esa convivencia entre ritual, oficio y adaptación explica por qué el fuego sigue encendido después de tantos años