Ina de la Serna tenía 29 años cuando recibió un diagnóstico de cáncer, mientras acompañaba a su madre, que también atravesaba una enfermedad oncológica. La experiencia la llevó a revisar sus hábitos, sus prioridades y el lugar donde quería vivir

Nacida en Saladillo, provincia de Buenos Aires, había estudiado Bellas Artes y vivido siete años en La Plata. Después de recibirse, viajó a Nueva Zelanda, recorrió durante un año y medio distintos lugares del sudeste asiático y la India, y regresó al país con nuevas inquietudes

Una rutina que dejó de alcanzarle

Al volver a su pueblo, trabajó como docente de artes plásticas en hasta siete escuelas y mantuvo un taller de arte. También se trasladaba en auto hasta establecimientos rurales. Aunque disfrutaba el contacto con sus alumnos, sentía que su deseo de seguir viajando había quedado relegado

La enfermedad de su madre, que tenía 54 años, fue el primer impacto. Poco después, Ina recibió su propio diagnóstico. Durante el tratamiento, modificó su alimentación y realizó quimioterapia. Según relató, bajó mucho de peso y sintió que su cuerpo respondió bien al proceso

Viajar para empezar de nuevo

Después de perder a su madre y terminar la quimioterapia, decidió viajar sola a Australia, donde permaneció un año. Al regresar, se trasladó a Córdoba para continuar aprendiendo sobre alimentación y buscar una forma de vida diferente

Durante un viaje al norte con su padre, encontró un aviso de un motorhome Mercedes-Benz. Probó el vehículo en La Plata y decidió comprarlo. Sin embargo, la llegada de la pandemia dejó el colectivo sin uso durante un tiempo

Cuando terminó ese período, una amiga francesa que vivía en Villa Las Rosas le propuso instalarse allí con su motorhome. Ina aceptó y comenzó una nueva etapa en Córdoba

Un colectivo convertido en vivienda

Antes de mudarse, transformó el interior del vehículo. Reemplazó los asientos originales por un sector de descanso, incorporó un espacio para practicar yoga y sumó una cocina con heladera

También armó un cuarto con una cama de dos plazas y aire acondicionado. El colectivo pasó a funcionar como una casa rodante y como el lugar desde el que Ina desarrolla talleres de alimentación viva y fisiológica, además de acompañar a personas que buscan cambiar su alimentación