Un video impactante, un audio que anuncia una catástrofe o una teoría que confirma nuestras certezas puede llegar al celular enviado por alguien de confianza. La emoción aparece y también el impulso de compartir
Entre recibir el contenido y reenviarlo existe una oportunidad: hacer una pausa y formular algunas preguntas. ¿Quién lo dice? ¿Cómo llegó hasta esa persona? ¿Qué pruebas ofrece? ¿Cuándo se difundió? ¿Hay especialistas, instituciones o periodistas confiables que también lo hayan publicado?
La velocidad favorece la circulación
La desinformación se apoya en la rapidez, las emociones y la confianza. Un mensaje de alguien cercano puede parecer más creíble aunque esa persona desconozca su origen. Las reacciones masivas pueden simular consenso, mientras que una imagen prolija o una voz convincente pueden aparentar autoridad
La inteligencia artificial generativa suma un desafío: permite fabricar rostros, declaraciones y escenas cada vez más difíciles de identificar a simple vista
Según los datos disponibles, el 54% de las personas consultadas en 48 países accede a noticias online mediante redes sociales y plataformas de video. A la vez, el 62% expresa preocupación por la desinformación en internet, cuatro puntos más que el año anterior. En la Argentina, la confianza general en las noticias se ubica en el 26%, el nivel más bajo de la última década y por debajo del promedio global
Evaluar sin desconfiar de todo
La respuesta no consiste en considerar igualmente dudosa cualquier afirmación. Una investigación que identifica sus fuentes y explica cómo llegó a sus conclusiones ofrece más elementos para evaluar que un mensaje anónimo
El pensamiento crítico permite reconocer quién produce un contenido, con qué intención, qué evidencia presenta y cuál es su procedencia. También implica aceptar que a veces no hay información suficiente para decidir si algo es verdadero. En esos casos, no compartir mientras se busca más información es una decisión responsable
Una interrupción posible
Las responsabilidades dentro del ecosistema informativo no son iguales: difieren las de quien fabrica una falsedad, quien obtiene un beneficio, la plataforma que la amplifica y quien la reenvía de buena fe. Los algoritmos tampoco premian necesariamente la verdad, sino que pueden favorecer las emociones, el enojo y la polarización
Aun así, cada persona puede interrumpir una parte de ese recorrido. La Alfabetización Mediática e Informacional busca desarrollar capacidades para acceder a la información, analizarla, evaluar sus fuentes, comprender cómo circula y decidir qué hacer con ella
Una investigación sobre titulares de salud mostró que los participantes clasificaron correctamente, en promedio, el 65,1% de los casos. La alfabetización mediática y la alfabetización en salud estuvieron asociadas con un mejor desempeño. El error más frecuente fue rechazar información verdadera, una señal de que también es necesario aprender a reconocer contenidos respaldados
Aprender a preguntar
La escuela puede cumplir un papel decisivo, especialmente entre jóvenes que construyen buena parte de su experiencia informativa en redes sociales, plataformas de video, servicios de streaming y herramientas de inteligencia artificial
Analizar una fuente, reconstruir el origen de una imagen, comparar titulares e identificar la emoción que intenta provocar un video son ejercicios vinculados con situaciones cotidianas. Docentes, familias, universidades, bibliotecas, organismos públicos y organizaciones sociales también participan de esa tarea
Frente a la velocidad digital, una pregunta puede abrir unos segundos para recuperar la capacidad de decidir. Cuando esa pausa se convierte en un hábito compartido, puede modificar la forma en que circula la información y mejorar la conversación pública