Un colegio nacido como agradecimiento

En mayo de 1956, cuando las clases en Buenos Aires se reanudaron más tarde por la epidemia de poliomielitis, abrió sus puertas en Palermo una escuela que empezó con apenas seis alumnos. Era el Instituto Bayard, impulsado por el ingeniero danés Paul Henriksen junto con su hija Annelise, con una idea clara: devolverle a la Argentina parte de lo que el país le había dado

Setenta años después, el colegio suma unos 600 alumnos entre sus tres niveles y conserva una marca de origen visible en su identidad: la bandera de Dinamarca aparece en su logo como homenaje a su fundador

De Copenhague al subte porteño

Henriksen nació en Copenhague en 1895 y se graduó como ingeniero civil. En un viaje a Italia conoció a Elvira Rezzo, una argentina que vivía allí desde hacía años. Se casaron y más tarde pasaron por Dinamarca, Nueva York y finalmente Buenos Aires

Ya en la ciudad, fue contratado como ingeniero jefe para la construcción del Subte Lacroze, hoy Línea B. En 1934 fundó Dinaco y participó en la provisión e instalación de usinas eléctricas en ciudades de la provincia de Buenos Aires y del interior del país

La escuela como proyecto de vida

Con el tiempo, Henriksen quiso dedicar su energía a la educación. Entendía que formar a los chicos era clave para el futuro de un país. Así nació el Bayard, primero en una casa ubicada a tres cuadras del emplazamiento actual y luego en los dos edificios que ocupa hoy en la misma manzana de Palermo

Patricia de Forteza, nieta de Henriksen e hija de Annelise, recuerda que la vocación del colegio siempre combinó excelencia edilicia, exigencia pedagógica, cultura y valores. Ella fue alumna fundadora y hoy sigue vinculada a la institución

Solidaridad y raíces danesas

Aun después de instalarse en la Argentina, Henriksen no perdió su vínculo con Dinamarca. Durante la Segunda Guerra Mundial presidió el Club Danés en Buenos Aires y promovió campañas para enviar ropa y víveres a la población afectada por la ocupación nazi

Su esposa también participó en acciones solidarias: organizó un grupo de amigas que cosía y tejía para enviar ayuda a distintos países europeos. Esa tradición de compromiso quedó incorporada al espíritu del colegio como uno de sus valores fundacionales

Un nombre con historia

El Bayard tomó su nombre de Pierre du Terrier, señor de Bayard, un caballero francés recordado por su valentía y rectitud. Henriksen admiraba esas virtudes y quiso que la escuela las representara

El establecimiento fue desde el inicio bilingüe, laico y mixto, pensado para chicos de distintos credos y con una vida escolar parecida a la sociedad real, donde conviven varones y mujeres

Música, cultura y vida comunitaria

Annelise Henriksen estudió pedagogía en la UBA y se especializó en música infantil. Esa pasión marcó el desarrollo del colegio, que llegó a tener una orquesta filarmónica y hoy mantiene un espacio cultural abierto a la comunidad

Por sus aulas pasaron nombres conocidos como Federico Pinedo, Patricia Bullrich y César Pueyrredón, autor del himno del colegio. También hubo conferencias y actividades con figuras como Borges, Klimovsky y Beatriz Guido

Cuarta generación

La historia del Bayard ya abarca cuatro generaciones de la misma familia. Patricia de Forteza trabajó allí como secretaria, docente, rectora y asesora general. Hoy también participan descendientes de la tercera y la cuarta generación

Para celebrar los 70 años, el colegio organiza actividades pedagógicas, encuentros con exalumnos y homenajes a docentes y administrativos. La idea es mirar hacia atrás sin perder el impulso de renovación que, desde el inicio, formó parte de su identidad