En 1995, la familia Hernández atravesaba una difícil situación económica. Juan, el padre de Gastón y Lucas, abrió un pequeño kiosco para conseguir ingresos diarios y sostener a su familia
El local tenía apenas 25 metros cuadrados y funcionaba en un antiguo garaje de Nueva York al 4000, frente a una plaza de Villa Devoto. Sin embargo, la actividad no alcanzaba para cubrir las necesidades del hogar
La idea que transformó el negocio
En diciembre de ese año, Juan decidió incorporar panchos con una propuesta diferente. Quería alejarse de las combinaciones tradicionales de mayonesa, kétchup y mostaza, y comenzó a experimentar con nuevos sabores
Las primeras opciones fueron las salsas de pepino y pickles. Con el tiempo, la variedad llegó a superar las 70 alternativas. Actualmente se ofrecen alrededor de 50, entre ellas la criolla y la de queso parmesano, dos de las preferidas por los clientes
Para promocionar el producto, Juan invitaba a los jóvenes que se reunían en la plaza a probar panchos sin costo. La estrategia dio resultado y el kiosco empezó a convertirse en un punto de encuentro, especialmente para quienes salían a bailar
El origen de la lluvia de papas
Una noche de tormenta, Juan decidió esperar a los jóvenes que regresaban de los boliches con una propuesta especial. Cuando llegaron, les agregó papas pay sobre el pancho. Así nació la llamada “lluvia de papas”, que luego se transformó en uno de los sellos de la casa
El negocio primero se llamó “Los panchos de Juan”. Los habitués comenzaron a llamarlo “los panchos de Pedro”, por el parecido de Juan con Pedro Picapiedras, y finalmente uno de sus hijos propuso el nombre Peter’s
La popularidad creció mediante el boca a boca. Hubo épocas en las que el local permanecía abierto casi todo el día y las filas llegaban a ocupar una cuadra. Más adelante, la panchería se trasladó a un espacio más amplio en Chivilcoy al 3800, a pocos metros del establecimiento original
Recetas propias y un pan que mantiene la tradición
Las salsas se elaboran diariamente. Entre las opciones picantes aparecen los jalapeños, la mostaza especiada y la “Volcánica”, preparada con chiles frescos, tabasco y vinagre. También está la “Diabla”, una combinación de tomates asados, jalapeños salteados y alioli
La carta incluye salchichas tipo Viena, alemana con piel y una alternativa vegetariana. Cada cliente puede elegir sus ingredientes y armar su propio pancho, con la posibilidad de sumar la lluvia de papas
El pan conserva una receta entregada por Juan al mismo panadero que lo prepara desde los comienzos. Es artesanal, amasado a mano y debe servirse siempre caliente. El condimento utilizado en el agua de cocción de las salchichas, en cambio, continúa siendo un secreto familiar
Un clásico que atravesó generaciones
Durante el año 2000, la demanda alcanzó niveles extraordinarios. Los clientes golpeaban las persianas cuando el local intentaba cerrar y la panchería se convirtió en una parada habitual antes y después de las salidas nocturnas
Entre sus visitantes estuvieron futbolistas, figuras televisivas y Diego Maradona, quien vivía en el barrio y era un cliente frecuente junto con sus hermanos, el Turco y Lalo
Muchos de aquellos jóvenes regresan hoy con sus hijos. Para Gastón, ese vínculo es una de las mayores satisfacciones del negocio: ver cómo una costumbre de su juventud se transforma en una tradición familiar
Juan Antonio murió hace siete años, pero permaneció ligado al emprendimiento hasta los 73. Sus hijos continúan al frente de Peter’s y mantienen tanto su imagen, convertida en el logo del local, como las recetas que todavía guardan con reserva
Más de tres décadas después, la panchería sigue funcionando como un espacio de encuentro. La familia conserva un proyecto pendiente: recuperar el local original o construir una pequeña réplica que recuerde aquellos primeros años
Mientras tanto, cada pedido de un pancho con lluvia de papas mantiene vivo el legado de Juan y la historia de un kiosco que logró reinventarse en medio de una crisis