El 14 de septiembre de 2020, el zoológico de Luján fue clausurado y dejó adentro a unos 400 animales sin un plan claro de cuidado. Entre ellos había 130 grandes felinos
Durante los años siguientes, los responsables del predio hicieron lo posible para sostener la alimentación y la atención básica de los ejemplares que permanecían allí. Aun así, el deterioro fue inevitable: murieron al menos el 30% de los animales
Un acuerdo que abrió la salida
La búsqueda de una solución reunió a las distintas partes involucradas hasta que, en agosto de 2025, se firmó un acuerdo para que la organización Four Paws asumiera el rescate de los 60 felinos que seguían con vida y de dos osos pardos: Florencia y Gordo
La intervención fue posible después de un trabajo previo de articulación entre la Fundación Zorba, el Gobierno, los dueños del predio y la ONG austríaca
De la exhibición al refugio
Durante años, el lugar fue un destino familiar donde se podía tocar a tigres y leones, interactuar con osos o dar paseos en elefante. Con el tiempo, sin embargo, cambió la mirada sobre ese tipo de práctica y los animales dejaron de ser vistos como entretenimiento para pasar a ser reconocidos como seres sintientes, con necesidades propias
Las denuncias por irregularidades y falta de control derivaron en la clausura, pero el cierre llegó sin una solución inmediata para los ejemplares que seguían cautivos
El viaje de Florencia y Gordo
Por su estado de salud, Florencia y Gordo fueron los primeros en ser trasladados. Su recorrido comenzó en el predio de Luján y terminó en un santuario de Bulgaria, donde hoy viven junto a otros osos rescatados en los Balcanes
Su historia resume el tránsito de un modelo de explotación animal hacia otra forma de cuidado, basada en el rescate y la rehabilitación