Tatyana Arévalo descubrió la ausencia de libros en español durante su detención en un centro migratorio de California. El carrito de lectura que encontró solo ofrecía ejemplares en inglés o mandarín, una limitación que cobró especial importancia en un momento de vulnerabilidad y encierro
La experiencia impulsó la creación de “Letras que abrazan”, una iniciativa destinada a reunir libros, cartas de apoyo y otros materiales para migrantes detenidos
Una trayectoria ligada a la orientación migratoria
Arévalo es ingeniera industrial y trabajó durante siete años en el sector de la construcción en Colombia. En 2018 se trasladó a Nueva Zelanda para estudiar inglés y mejorar sus condiciones de vida
Durante esa etapa comenzó a publicar videos sobre los trámites necesarios para estudiar y trabajar en ese país. El contenido alcanzó a personas fuera de su círculo cercano y luego amplió su presencia en redes sociales, donde actualmente reúne 321.000 seguidores en Instagram
En 2023 llegó a Estados Unidos después de haber vivido en España y Malta. Primero permaneció un mes en Hawái mientras organizaba su solicitud de asilo y luego se instaló en el área de San José y San Francisco, California
Desde allí empezó a entrevistar a trabajadores hispanos y a personas con distintas categorías de visa, entre ellas K1, O, H, F, J y K. Según explicó, buscaba compartir experiencias reales, aunque aclaraba que no era abogada ni una agencia de viajes
La detención durante un trámite migratorio
Como parte de su proceso de asilo, Arévalo debía reportarse mediante la aplicación BI SmartLink y enviar una fotografía semanal. Después de cambiar de teléfono dejó de recibir las notificaciones y no advirtió que había vencido el plazo para completar ese paso
En la siguiente cita de control le colocaron una tobillera electrónica. Dos meses después, durante una cita migratoria de rutina, fue detenida por agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas
Tras permanecer varias horas en vehículos de transporte conocidos como “hieleras”, fue trasladada a un centro de detención de California. Allí pasó casi dos meses en celdas compartidas y permanecía más de 12 horas al día dentro de ellas. También describió problemas relacionados con el frío, la alimentación y el reducido espacio de los calabozos, de unos dos metros
El origen de “Letras que abrazan”
Durante la Navidad y el Año Nuevo, Arévalo mantuvo una rutina marcada por el encierro. En una visita al área de duchas vio llegar el carrito de lectura y comprobó que no había textos en español
A partir de entonces pidió semanalmente a los guardias que permitieran el ingreso de material en ese idioma. También planteó la necesidad ante directivos y senadores que visitaron el centro, hasta que consiguió un contacto administrativo interno
Como el establecimiento no aceptaba donaciones directas de particulares, recurrió a una amiga para coordinar los envíos mediante organizaciones autorizadas. La primera entrega incluyó biblias en español, libros, hojas para colorear y cartas anónimas escritas por sus amigas. La administración informó después que las cartas habían sido bien recibidas y pidió más materiales
Un circuito de donaciones con controles internos
Arévalo quedó en libertad casi dos meses después de su detención y difundió la campaña en sus redes sociales. Desde entonces, el proyecto funciona mediante un proceso de recepción, revisión y entrega
Tatyana, su familia y los voluntarios reciben los materiales, los clasifican y revisan cada carta para descartar códigos, teléfonos u otros mensajes prohibidos. También limpian los libros antes de empaquetarlos, en línea con los protocolos de seguridad del centro
Una vez que las cajas llegan al establecimiento, el personal administrativo distribuye cartas, libros, rompecabezas y rosarios entre los internos de acuerdo con su idioma y contexto cultural
Qué materiales se necesitan
Más de siete meses después de recuperar la libertad, Arévalo continúa coordinando donaciones para el centro donde estuvo detenida. Entre los materiales solicitados figuran novelas de tapa blanda, cartas anónimas, rosarios de plástico y libros para colorear
La iniciativa también busca que iglesias, universidades, instituciones educativas y grupos comunitarios repliquen este tipo de voluntariado en otros centros de migrantes. Para Arévalo, los libros y las cartas ayudan a sobrellevar el tiempo de encierro y transmiten una señal de acompañamiento a personas que suelen quedar fuera del acceso a estos recursos