Andy Robert y Mercedes Carriquiry tenían 25 años cuando viajaron desde Uruguay a Los Ángeles con algunos ahorros, pocos contactos y sin una fecha definida para regresar. Durante sus primeros días se instalaron en un hotel y llamaron a estudios de arquitectura estadounidenses en busca de una oportunidad

Una de esas llamadas cambió el rumbo del viaje. Un empresario les propuso trasladarse a San Francisco para presentar tres proyectos en los que habían trabajado. Aceptaron de inmediato, aunque después descubrieron que ni siquiera sabían con precisión dónde estaba la ciudad

Aquel encuentro fue uno de los primeros impulsos para Slantis, la compañía que habían creado con una idea central: aplicar tecnología para transformar la manera en que se desarrolla la arquitectura. Once años después, la firma cuenta con 250 personas y oficinas en Estados Unidos, Uruguay y Argentina

Una amistad que comenzó en la adolescencia

Las dos arquitectas se conocen desde los 16 años y forman parte del mismo grupo de amigas. Estudiaron en universidades distintas y luego buscaron experiencias en el exterior: Carriquiry viajó a Francia y Robert se instaló en Alemania

Durante su estadía alemana, Robert aprendió programación y comenzó a pensar en la tecnología como una herramienta aplicable a la arquitectura desde las primeras etapas de un proyecto, antes de que la obra llegara al terreno

Al regresar a Uruguay, ambas siguieron recorridos profesionales tradicionales. Robert trabajó en obra y Carriquiry se incorporó a un estudio boutique, donde dirigió el desarrollo del Audi Zentrum de Montevideo

En 2015, una conversación en un café les planteó una pregunta decisiva: cómo podía una industria dedicada a crear edificios cada vez más complejos continuar apoyándose en procesos que habían cambiado tan poco. La respuesta fue crear una empresa que combinara arquitectura, producción y tecnología

Del modelo virtual a la construcción

Slantis trabaja en el espacio que conecta la idea inicial de un edificio con su construcción. Su tarea no consiste necesariamente en definir el concepto arquitectónico, sino en coordinar la información que interviene en su desarrollo: estructuras, materiales, instalaciones, proveedores, medidas y detalles técnicos

Para eso utiliza herramientas BIM, que permiten generar modelos digitales con múltiples variables del proyecto, y suma cada vez más recursos de inteligencia artificial. La finalidad es detectar conflictos y tomar decisiones antes de que los problemas lleguen a la obra, donde suelen implicar mayores costos y demoras

Con ese enfoque, la compañía participó en proyectos como la nueva terminal del aeropuerto internacional de Los Ángeles, hasta ahora su contrato más grande, con 13.935 m² de programa aeroportuario. También intervino en la nueva sede de JP Morgan en Nueva York, iniciativas relacionadas con YouTube y Google en California y trabajos en el aeropuerto de Denver

Además, actualmente participa en la renovación de tiendas de Apple en Estados Unidos

La inteligencia artificial como cambio de método

Para sus fundadoras, la arquitectura todavía conserva procesos que no evolucionaron al ritmo de la complejidad de los edificios. La inteligencia artificial puede acelerar esa transformación, aunque consideran que su valor no está en crear imágenes atractivas, sino en intervenir en el diseño, la documentación y la coordinación necesarios para construir

Robert entiende que la industria atraviesa un nuevo punto de inflexión, en el que incluso podría revisarse el papel que tradicionalmente tuvieron los planos. Carriquiry, en cambio, pone el foco en el propósito: un edificio debe responder al problema para el que fue creado y considerar su relación con el barrio, la ciudad, el funcionamiento cotidiano y la sustentabilidad

Después de participar en grandes obras y completar 5000 proyectos, las arquitectas sostienen que el objetivo principal de Slantis sigue siendo modificar la forma en que se piensa y se produce la arquitectura, no simplemente sumar nuevos edificios