Luz Birba descubrió que una carrera profesional no tiene por qué ser definitiva. Después de estudiar Administración de Empresas y trabajar durante años en marketing, encontró en la alfarería una forma de recuperar el entusiasmo y construir un proyecto propio

“Nunca es tarde para elegir lo que a uno lo hace verdaderamente feliz”, sostiene. Para ella, la actividad elegida debe despertar una energía especial: una sensación de entusiasmo que funcione como señal cuando es necesario cambiar de rumbo

Una carrera marcada por la creatividad

Al terminar la escuela, Birba optó por Administración de Empresas porque buscaba una formación versátil, capaz de combinar su interés por los números con su costado creativo. Aunque los tests vocacionales señalaban afinidad con las expresiones artísticas y la música, también pesaron la expectativa de elegir una profesión formal y la posibilidad de insertarse rápidamente en el mercado laboral

Con el título universitario, comenzó a trabajar en marketing para compañías de consumo masivo. Primero pasó por la industria del calzado y la indumentaria deportiva. Dos años más tarde ingresó en una importante empresa de bebidas y aperitivos, donde desarrolló durante 11 años su experiencia corporativa

Su primer puesto fue como asistente en el área de desarrollo de nuevos productos. Allí se acercó al diseño, el packaging, los materiales promocionales y las campañas de comunicación, aspectos que disfrutaba especialmente por su componente creativo

Sin embargo, la rutina también tenía un costo. Los viajes diarios y la presencialidad completa dejaban poco margen para su vida personal. En aquella época todavía no existían el home office ni el trabajo remoto, y Birba observaba con interés a quienes podían organizar sus horarios desde sus casas

El momento de priorizar la familia

Dejar la empresa no fue una decisión inmediata. Birba se sentía reconocida y todavía disfrutaba de su trabajo, pero sus prioridades comenzaron a cambiar después del nacimiento de su primer hijo. Dos años más tarde, mientras esperaba a su segunda hija, sintió que necesitaba involucrarse más en la crianza

Entonces se tomó un año sabático. Ese período le permitió retomar inquietudes que había postergado y comenzar un taller de alfarería dos veces por semana

Más adelante se asoció con una amiga y un agente de viajes para organizar eventos y escapadas corporativas. El proyecto le ofrecía mayor autonomía, aunque abandonar la seguridad de un sueldo fijo también implicaba asumir cierta incertidumbre. Desde su casa podía administrar sus tiempos, evitar la rutina de oficina y continuar reservando un espacio semanal para trabajar con el barro

El barro como pausa y refugio

Durante casi una década, la alfarería se mantuvo como una constante. Birba ya había probado actividades como el tallado en madera, la vitrofusión y la cerámica, pero el trabajo con arcilla fue el primer oficio manual que logró sostener en el tiempo

Comenzó a armar un espacio creativo en el fondo de su casa. Primero incorporó un torno y luego un horno. Lo que había empezado como un pasatiempo empezó a reclamar más espacio, materiales y dedicación

“El barro obliga a frenar, a ir más despacio y a tener paciencia”, explica. Para ella, sentarse frente al torno implica alejarse del ruido cotidiano y conectar con una dimensión más tranquila. Incluso el proceso de centrar la arcilla representa una tarea interior: antes de trabajar la pella, dice, es necesario encontrar el propio centro

El nacimiento de Las Vueltas de Luz

A mediados de 2017, Birba decidió probar si ese refugio podía abrirse a otras personas. Sumó tornos, utilizó temporalmente el comedor de su casa y convocó a familiares y amigos para que experimentaran con la arcilla

La experiencia también le permitió comprobar cómo se sentía en el rol de docente. Durante seis meses, el taller convivió con la agencia de viajes. Mientras sus primeros alumnos se retiraban satisfechos y ella disfrutaba cada vez más de enseñar, la demanda comenzó a crecer

Agregó turnos, formó nuevos grupos y la actividad fue ocupando otros ambientes de la casa, incluido el living. A fin de ese año decidió apartarse de la sociedad y fundar formalmente su propio espacio, al que llamó Las Vueltas de Luz

Un año después confirmó que había encontrado su camino. Construyó un taller independiente junto a su vivienda para recuperar los ambientes familiares que había utilizado durante la etapa inicial. Con el respaldo de su familia, destinó los ahorros disponibles a levantar ese espacio de ladrillos y arcilla

Con el tiempo, el emprendimiento se consolidó y la familia pudo concretar también las refacciones pendientes de la casa. El esfuerzo compartido se convirtió en una parte central de la historia del proyecto

Un emprendimiento cuidado en cada detalle

Actualmente, el taller reúne a cerca de 80 alumnas. Birba prefiere conservar una escala que le permita disfrutar de la actividad y cuidar cada encuentro sin que el crecimiento se vuelva desbordante

Además de dar clases, se ocupa de reciclar la pasta, preparar los esmaltes, controlar el secado de las piezas, hornear, realizar compras y administrar las redes sociales. En esas tareas cuenta con el apoyo de otras profesoras

Su desafío consiste en equilibrar la enseñanza técnica con el espacio personal que buscan quienes asisten al taller. Sabe que sus alumnas llegan para aprender, pero también para desconectarse, soltar exigencias y dedicarse un tiempo propio

La curiosidad también ocupa un lugar importante en su trabajo. Birba continúa capacitándose en distintos aspectos vinculados con el barro y procura transmitir esa inquietud a quienes participan de sus clases

Una profesión que recuperó el entusiasmo

Al mirar su recorrido, Birba no reniega de su primera profesión. Considera que la experiencia en marketing le dio herramientas útiles para administrar su emprendimiento y tomar decisiones de gestión

La diferencia, dice, está en la energía que cada actividad le devuelve. Mientras imagina que su vitalidad se habría agotado con el tiempo en el marketing, en la alfarería encuentra un oficio en el que los años aportan experiencia

Hoy aprovecha cada momento libre para sentarse al torno, crear para sí misma y recuperar el placer de hacer sin apuro. Su deseo es que su historia también funcione como ejemplo para sus hijos, que comienzan a dar sus primeros pasos laborales: siempre es posible elegir de nuevo y moldear el propio destino