Mike Krumholz tenía 21 años cuando una siesta de 40 minutos con los lentes de contacto puestos terminó en una grave emergencia ocular

Al despertar, sintió una fuerte irritación en uno de sus ojos. Al principio creyó que se trataba de conjuntivitis, pero el cuadro empeoró y le provocó una pérdida temporal de la visión

Durante el primer mes, la afección fue interpretada como un caso persistente de herpes ocular. Los tratamientos indicados no detuvieron el dolor ni el deterioro visual

Los estudios posteriores confirmaron que padecía queratitis por Acanthamoeba, una infección provocada por una ameba presente en el agua y en otros ambientes. Cuando la higiene de los lentes es deficiente, el microorganismo puede alcanzar y colonizar la córnea

Dormir con lentes de contacto reduce el aporte de oxígeno al tejido transparente que cubre el ojo. Esa condición, junto con la sequedad ocular, puede favorecer la aparición de úlceras, inflamación y daños severos

La visión borrosa y la sequedad pueden ser señales iniciales. Si el problema no recibe atención, la infección puede avanzar hasta causar una discapacidad visual permanente

Desde diciembre de 2022, Krumholz tuvo que abandonar sus estudios y dejar su trabajo en el cuidado de niños. Actualmente permanece en ambientes con poca luz para reducir las molestias. La córnea presenta una opacidad extrema y el paciente no tiene visión

El joven espera someterse a un trasplante de córnea para recuperar parte de su capacidad visual y aliviar el dolor crónico. Mientras tanto, utiliza las redes sociales para advertir a otros usuarios sobre los riesgos de dormir con lentes de contacto y descuidar las normas de higiene