Durante años, la recomendación de dormir ocho horas por noche se instaló como una regla casi universal. Sin embargo, nueva evidencia científica vuelve a poner esa idea en discusión y sugiere que las necesidades de sueño pueden variar bastante entre personas

El sueño no responde a una fórmula fija

La revisión sostiene que no existe una cantidad exacta de descanso válida para todos los adultos. Factores como la edad, el estado de salud y el sexo biológico pueden modificar cuántas horas necesita cada organismo para recuperarse bien

Los investigadores también miraron hacia comunidades de cazadores-recolectores, con rutinas mucho más cercanas a los ciclos naturales de luz y oscuridad. En esos grupos, se observaron descansos nocturnos de entre 5,7 y 7,1 horas, sin compensaciones prolongadas con siestas durante el día

La luz artificial cambió el reloj interno

Otro punto clave es el impacto de la vida moderna. La iluminación artificial, sumada al uso de pantallas y dispositivos, altera el ritmo biológico y puede retrasar la hora en que el cuerpo siente sueño y la hora en que despierta

En línea con eso, otros análisis sobre sociedades preindustriales estimaron promedios cercanos a las 6,4 horas de sueño por noche. La conclusión no es que dormir poco sea suficiente para todos, sino que el descanso humano parece más flexible de lo que indicaba la vieja regla de las ocho horas

Cuánto dormir, entonces

La evidencia disponible no sugiere que dormir ocho horas sea malo. Sí indica que esa cifra no debería tomarse como un mandato rígido. Algunas personas se sienten renovadas con ocho horas; otras necesitan un poco más, y algunas pueden rendir bien con menos tiempo si el descanso es realmente reparador

En ese sentido, la recomendación más sensata es observar cómo responde el cuerpo: dormir con regularidad, evitar el cansancio durante el día y ajustar la rutina al propio bienestar. Para adultos de entre 26 y 64 años, el rango general recomendado sigue ubicándose entre siete y nueve horas, aunque hay casos en los que pueden requerirse entre seis y diez

La conclusión final es simple: no existe una cifra mágica que sirva para todos. Más que obsesionarse con alcanzar exactamente ocho horas, conviene priorizar un sueño suficiente, estable y acorde a las necesidades de cada persona