A Andrea Di Césare la esperan en Luján de Cuyo sus tres hijos: dos niñas de 11 y 9 años y un varón de 5. A María Jesús Gutiérrez la aguarda Mateo, su hijo de 20, en Polvaredas. Las dos siguen arriba del camión desde el 1° de agosto, esperando una carga que les permita regresar a Mendoza después de semanas de vueltas, demoras y cambios de ruta

El viaje se volvió una sucesión de postergaciones. Primero pasó por Pino Hachado, donde tuvo que esperar tres días. Después llegó hasta el Puerto San Antonio, en Chile, y volvió a la Argentina. Más tarde recibió la orden de cambiar otra vez el rumbo y probar por Cardenal Samoré, donde permaneció cinco días más. Cada vez que parecía cerca de volver, surgía un nuevo desvío

Nieve, hielo y noches sin señal

La espera no fue solo larga. También fue dura. En la cordillera hubo nieve, hielo y temperaturas de hasta 11 grados bajo cero. A veces abrían las cortinas del camión y todo amanecía blanco. Otras, el cielo estaba despejado, pero la ruta seguía peligrosa por el frío acumulado

Lo más básico también se volvió un problema: dónde bañarse, dónde ir al baño, cómo higienizarse. En algunos tramos encontraron ayuda, pero en otros no había nada. En Cardenal Samoré, entre la aduana argentina y la chilena, quedaron casi a la intemperie, sin población cercana y con lo justo dentro del camión

Habían cargado alimentos para tres días y debieron hacerlos rendir mucho más. De noche, sin señal de teléfono, el silencio de la montaña pesaba todavía más. Para pasar esas horas, María Jesús recurrió a una Biblia y a la música

La distancia de los hijos

Andrea lleva casi dos años en la ruta. Llegó al volante después de atravesar dificultades económicas y de encontrar en el transporte una salida laboral que no había imaginado. Hoy hace viajes nacionales e internacionales con fruta, granos y alimento para mascotas

Está separada desde hace tres años y sus hijos quedaron al cuidado de su hermana cuando ella sale a trabajar. La comunicación diaria se sostiene con videollamadas y audios, pero no alcanza para reemplazar la presencia. Sus hijos preguntan todo el tiempo cuándo vuelve, y la espera se hace larga para todos

El año pasado ya había pasado varios meses lejos de ellos tras un accidente que la dejó viviendo en Chile durante el invierno por cuestiones del seguro. Por eso esta nueva demora la golpea de otra manera. Aun así, dice que eligió seguir adelante y que confía en que el esfuerzo tendrá sentido

Un sueño aprendido en la ruta

La historia de María Jesús también está marcada por la vocación. Durante 15 años trabajó en actividades vinculadas con aduana y rastreo satelital, pero siempre tuvo la inquietud de manejar un camión. En 2020 sacó las licencias y empezó a prepararse. Su esposo, también camionero, fue quien más la acompañó en ese proceso

Viajaron juntos durante nueve meses para que pudiera ganar experiencia real. Ella lo resume con una frase sencilla: se puede aprender a maniobrar, pero la experiencia se hace en la ruta. Su hijo Mateo también fue clave. Cuando ella le contó que quería subirse a un camión, él le recordó que ese había sido siempre su sueño

Hoy Mateo sostiene buena parte de la vida en casa cuando sus padres están fuera. Se ocupa de las mascotas, ayuda con la casa y colabora con las cuentas. Madre e hijo hablan todos los días

Camioneras en minoría

Ambas comparten algo más que la espera: son mujeres en un rubro donde todavía son minoría. María Jesús dice que conducir es solo una parte del desafío. También hay que resolver cuestiones técnicas, lidiar con vehículos cada vez más grandes y adaptarse a condiciones extremas

Pero el obstáculo más concreto sigue siendo la infraestructura. Encontrar baño y ducha adecuados sigue siendo difícil para las mujeres. Algunas camioneras llevan elementos propios para atravesar las esperas; otras dependen de estaciones de servicio que tengan instalaciones suficientes. Para María Jesús, ese cambio todavía está en marcha, aunque observa avances

Después de tantos días en frontera, María Jesús logró llegar hasta Bariloche, completar trámites y seguir hacia Buenos Aires, donde descargó la mercadería. Ahora espera otro contenedor para volver a Mendoza. Andrea, mientras tanto, sigue esperando su turno para regresar

Las dos se acompañan entre sí en una profesión que muchas veces se vive en soledad. Comparten frío, filas, incertidumbre y la idea fija de volver a casa. Cuando por fin llegue ese momento, saben que el descanso será breve. Pero también saben que volverán a mirar hacia adelante