Durante años circuló la idea de que Juan Gabriel solo conocía tres acordes. La versión se repetía entre músicos y admiradores, apoyada por la aparente sencillez de algunas de sus canciones más conocidas
Eduardo Magallanes, arreglista de toda la vida del cantautor, rechazó esa creencia y aseguró que Alberto Aguilera Valadéz tenía una intuición musical notable. Dijo que le surgían ideas originales, con cambios de tono y recursos que no corresponden a una ejecución limitada
Una creación nacida de la memoria y la voz
Magallanes explicó que, durante años, transformó en partituras las melodías que Juan Gabriel le dictaba de memoria, muchas veces con sílabas improvisadas y onomatopeyas. A partir de esas ideas, él desarrollaba arreglos para orquesta, mariachi y violines
También subrayó que las letras quedaban registradas en libretas personales, mientras la música salía de viva voz. Según dijo, las melodías eran enteramente del compositor y no de los arreglistas que lo acompañaron
La herida que se volvió canción
Para Magallanes, buena parte de la intensidad emocional de Juan Gabriel se explica por una infancia marcada por el abandono. Recordó que su madre lo dejó en un orfanatorio cuando tenía alrededor de dos años y que pasó meses sin verlo
Esa ausencia, afirmó, dejó una herida profunda que atravesó su obra. A su juicio, el dolor personal se convirtió en una fuente constante de inspiración para canciones que siguen vigentes décadas después
Magallanes resumió esa idea al decir que Juan Gabriel fue un niño muy lastimado y que, aunque en parte logró sanar, siempre cargó con algo que lo acompañó toda la vida