El cáncer colorrectal ya no es una enfermedad asociada casi en exclusiva a edades avanzadas. En los últimos años, cada vez más personas jóvenes reciben este diagnóstico, mientras que entre los adultos mayores la evolución va en sentido contrario

La subida se aprecia con especial claridad en países como Estados Unidos y Reino Unido, donde los casos en menores de 50 años llevan décadas en aumento. A día de hoy, no existe una explicación definitiva para este cambio

Una tendencia que rompe el patrón habitual

Los factores de riesgo más conocidos no alcanzan para aclarar por qué la enfermedad impacta más en jóvenes que en generaciones anteriores. Las cifras reflejan el alcance del problema: hoy uno de cada cinco diagnósticos nuevos afecta a personas menores de 54 años, frente a uno de cada diez hace treinta años

Hipótesis que todavía no encajan

Entre las posibles explicaciones aparecen la exposición a pesticidas, herbicidas y otras sustancias persistentes, pero esa línea de investigación no termina de sostenerse. Muchos de esos contactos fueron más habituales en generaciones mayores, que ahora presentan menos casos

También se ha señalado la obesidad. Está demostrado que el exceso de peso eleva el riesgo de cáncer colorrectal, pero los cálculos disponibles indican que solo explicaría una parte limitada del aumento, en torno al 15%

Además, el fenómeno no se repite igual en todos los países. En algunas naciones la incidencia entre jóvenes se mantiene estable o incluso baja, mientras que en otras continúa subiendo. Ese contraste complica la búsqueda de una única causa

Una explicación única, por ahora, no existe

Los especialistas tampoco creen que el mayor uso de pruebas de detección explique por sí solo el incremento. A ello se suma que los sistemas de registro han mejorado con el tiempo, lo que puede influir en los datos, aunque no basta para cerrar el debate

La conclusión más extendida es que no hay un solo motivo. El aumento podría responder a una combinación de cambios en la alimentación, la flora intestinal, la exposición a ciertas sustancias, el uso de medicamentos, el estilo de vida y la forma en que los pacientes acceden al sistema sanitario. La incógnita, sin embargo, sigue abierta