El consumo frecuente de melatonina en formato de golosinas puede parecer inofensivo, pero su uso excesivo no está exento de riesgos. El neurocientífico Jesús Fernández Felipe advierte que esta hormona, cuando se toma sin control, puede alterar el ciclo natural del sueño y provocar efectos adversos en el organismo

Entre las consecuencias más habituales, el especialista menciona somnolencia durante el día, cefaleas y una reducción de la capacidad de atención. La melatonina cumple una función clave en el reloj biológico, que se ajusta a partir de la luz ambiental. Si la dosis o el momento de la toma no son los adecuados, ese mecanismo puede interferirse

La falsa idea de que es siempre inocua

La facilidad para conseguir estos productos en farmacias y otros comercios puede reforzar la idea de que no presentan riesgos. Sin embargo, el uso habitual sin criterios claros no garantiza una mejor calidad del sueño y, en algunos casos, puede terminar siendo contraproducente

Fernández Felipe también advierte sobre la posibilidad de generar una dependencia psicológica: el cerebro asocia el descanso con la ingesta del producto y aparece la sensación de que dormir sin esa ayuda es imposible. Esto resulta especialmente problemático cuando el insomnio tiene detrás estrés, ansiedad, malos horarios o exposición excesiva a pantallas y luces antes de acostarse

Cuando el problema no se resuelve con una dosis más alta

El aumento de la cantidad no asegura mejores resultados. De hecho, el uso prolongado sin supervisión médica puede provocar molestias gastrointestinales y mareos

La recomendación prioriza abordar primero la causa del insomnio, con terapia psicológica y cambios de hábitos, y dejar los tratamientos farmacológicos para situaciones concretas en las que la edad o el cuadro clínico lo justifiquen. La clave, según el especialista, es no tratar un problema de fondo como si se resolviera con una simple golosina