Más de cinco décadas después de su final prematuro, el experimento de la prisión de Stanford vuelve a ser objeto de discusión. Una serie de telerrealidad instaló a 30 voluntarios en un ala en desuso de una cárcel real y les asignó los roles de guardias y presos
La producción presenta la experiencia como una versión moderna del estudio dirigido en 1971 por el psicólogo estadounidense Philip Zimbardo. El nuevo programa, sin embargo, reaviva una pregunta central: ¿dónde termina la investigación y dónde comienza el entretenimiento?
Un estudio interrumpido a los seis días
Zimbardo buscaba analizar cómo respondían las personas ante la autoridad y el confinamiento. Para hacerlo, reunió a 24 jóvenes y los distribuyó al azar entre los papeles de presos y guardias en una prisión simulada, construida en el sótano del Departamento de Psicología de Stanford
El plan contemplaba dos semanas de duración, pero la experiencia terminó después de seis días. Según la interpretación de Zimbardo, algunos guardias adoptaron conductas cada vez más autoritarias y abusivas, mientras varios presos sufrieron una fuerte angustia emocional
Durante años, esos resultados fueron presentados como evidencia de que personas comunes podían actuar con crueldad cuando recibían poder dentro de un entorno opresivo
Las dudas sobre el diseño y la ética
Con el tiempo, distintos académicos cuestionaron la solidez del estudio. Una de las principales críticas sostiene que las expectativas de los investigadores pudieron condicionar la conducta de los participantes, en vez de permitir que actuaran espontáneamente
También se discutió el doble papel de Zimbardo, que era investigador principal y, al mismo tiempo, responsable de la prisión simulada. La Universidad de Stanford reconoce que el experimento no habría sido aprobado bajo los estándares actuales
Entre las deficiencias éticas señaladas se encuentran la información incompleta sobre los riesgos y la impresión de que los participantes no podían abandonar la experiencia. Incluso quienes defienden algunos aspectos de la investigación admiten que esos problemas fueron graves
Una comparación que no ofrece las mismas respuestas
Otro estudio sobre prisiones, realizado en 2002 por los psicólogos sociales Alex Haslam y Stephen Reicher, también distribuyó a los participantes entre guardias y presos, pero obtuvo conclusiones diferentes
En lugar de considerar inevitable la conducta opresiva de los guardias y la sumisión de los presos, sus investigadores destacaron el papel de la identidad grupal, el liderazgo y la acción colectiva. Desde esa perspectiva, la tiranía no surge automáticamente del poder, sino bajo determinadas condiciones sociales
Los responsables de ambos proyectos aclararon posteriormente que el estudio de 2002 no constituía una réplica directa del experimento de Stanford
La palabra de salida y el problema de la recreación
La serie actual incorpora evaluaciones psicológicas, acceso permanente a profesionales de la salud mental y medidas de seguridad desarrolladas durante más de un año de preparación. Sus participantes, además, podían retirarse en cualquier momento al pronunciar la palabra clave “piña”
Esa posibilidad marca una diferencia decisiva con respecto a 1971, cuando los participantes creían que no podían abandonar el estudio. Por eso, algunos especialistas consideran que la experiencia televisiva no reproduce de manera significativa el encierro original
El programa también incluye entrevistas durante la filmación, cámaras y micrófonos visibles, además de intervenciones planificadas para provocar miedo, humillación, ira y resentimiento. Las etapas escalonadas, los cambios en la distribución del poder y el conflicto entre grupos aumentan la tensión, pero también introducen factores que pueden alterar el comportamiento
Una experiencia diseñada para la audiencia
Las críticas apuntan a que la producción funciona mejor como entretenimiento social que como investigación sobre la conducta. La presencia de cámaras, la intervención del equipo y el conocimiento del experimento original hacen difícil observar reacciones espontáneas
La propia notoriedad del estudio de 1971 condiciona cualquier intento posterior. El nombre, las reglas básicas y la estructura penitenciaria remiten inevitablemente al modelo original, mientras que el formato televisivo prioriza la participación, el conflicto y el interés de la audiencia
La serie puede ser considerada un programa de telerrealidad, pero esa condición no garantiza que sea una repetición científica. La tensión entre ambos objetivos constituye el centro de la polémica