Si se pudiera descender kilómetros bajo la superficie, el escenario parecería imposible para la vida: calor intenso, presión elevada y agua filtrándose entre las grietas de la roca. Sin embargo, en ese ambiente hostil habitan miles de millones de bacterias y, en ocasiones, un diminuto nematodo que se desplaza entre las paredes minerales en busca de microbios

Ese animal es Halicephalobus mephisto, apodado “gusano del diablo”. Aunque mide apenas lo que varios cabellos humanos juntos, se convirtió en una pieza clave para entender que la biosfera terrestre alcanza mucho más de lo que se creía

Un hallazgo que cambió el mapa de la vida

Durante décadas, gran parte de la comunidad científica sostuvo que no podía existir vida compleja mucho más allá de la superficie. Esa idea empezó a resquebrajarse cuando comenzaron a aparecer indicios de organismos en pozos y perforaciones profundas

En 2008, un grupo de investigadores exploró una mina de oro en Sudáfrica y filtró miles de litros de agua caliente extraída de la roca. Entre bacterias, hongos y otros microorganismos, apareció un solo gusano desconocido para la ciencia

La muestra tenía la cola dañada, pero el ejemplar era una hembra capaz de reproducirse sin pareja. Antes de morir, dejó huevos viables y permitió que la especie sobreviviera en laboratorio

Cómo resiste donde casi nada prospera

Los descendientes de aquel animal fueron estudiados durante años para entender su biología. A diferencia de otros nematodos conocidos, este gusano no nada libremente: se adhiere a superficies, una conducta que probablemente le sirve para aferrarse a la roca subterránea

Tampoco se comporta igual a temperatura ambiente. A unos 20 °C su desarrollo se vuelve lento, mientras que a 37 °C se reproduce con mayor facilidad. Esa preferencia por el calor llamó la atención de los científicos, porque las condiciones que le resultan favorables serían letales para especies emparentadas mejor conocidas

Los análisis genéticos también revelaron una abundancia inusual de genes vinculados con proteínas de choque térmico, moléculas que protegen a otras proteínas frente a temperaturas extremas. Más tarde, otros experimentos mostraron que una pieza clave de su metabolismo energético funciona mejor a temperaturas elevadas y se desactiva en ambientes más fríos

Una estrategia para un mundo aislado

Otra pista importante es su reproducción. Como estos gusanos pueden encontrarse muy rara vez en el inmenso subsuelo, la partenogénesis podría ser una ventaja decisiva: una forma de dejar descendencia sin necesidad de pareja

Los investigadores también consideran que podrían existir machos, aunque hasta ahora no se encontró ninguno. Si aparecieran, permitirían una reproducción sexual ocasional. Por ahora, el dato firme es que este animal muestra una capacidad extraordinaria para sobrevivir en un entorno donde los recursos son escasos y los encuentros entre individuos, improbables

De dónde salió sigue siendo un misterio

Aún no está claro cómo llegó a esas profundidades. Una hipótesis es que algunos nematodos descienden desde la superficie arrastrados por el agua, quizá favorecidos por movimientos sísmicos. En cambio, buena parte de las bacterias subterráneas podría llevar muchísimo más tiempo allí abajo

De hecho, ciertos estudios sobre microbios encontrados en distintos continentes sugieren que algunas de esas formas de vida permanecen en la corteza desde la fragmentación de Pangea, hace unos 165 millones de años

La lección de fondo es mayor que la historia de un gusano singular: la vida puede persistir en lugares que parecían incompatibles con ella. Y, si la superficie de la Tierra llegara a ser devastada, los organismos ocultos bajo tierra podrían ser los primeros en volver a encender el ciclo biológico