El humo de los incendios deteriora de forma intensa la calidad del aire y puede afectar a la salud incluso lejos del foco. Un neumólogo experto en incendios advierte de que respirar ese ambiente supone exponerse a partículas y gases irritantes que, en determinadas condiciones, viajan cientos de kilómetros

La señal de alarma suele ser visible y olfativa: neblina, olor a quemado y partículas en suspensión. Cuando eso ocurre, la recomendación principal es permanecer en interiores, con puertas y ventanas cerradas. Si hay aire acondicionado, conviene usarlo en modo de recirculación para evitar la entrada de aire exterior contaminado

Qué hacer si hay que salir

Si no queda otra opción, las mascarillas filtrantes FFP2 o FFP3 ofrecen una protección parcial frente a las partículas más grandes. Las quirúrgicas no resultan suficientes en este contexto. Aun así, no eliminan los gases ni las partículas más finas, por lo que no deben generar una falsa sensación de seguridad

También se recomienda evitar el ejercicio al aire libre, porque aumenta la cantidad de contaminantes que se inhalan. La población puede consultar los avisos y niveles de calidad del aire en los portales oficiales de su comunidad y del Ministerio de Sanidad

Los grupos más expuestos

Niños, personas mayores, mujeres embarazadas y pacientes con asma o EPOC forman parte de los grupos más vulnerables. En embarazadas, la exposición puede asociarse con parto prematuro o bajo peso al nacer. En quienes ya tienen enfermedad respiratoria, el humo puede descompensar el cuadro, provocar síntomas graves e incluso aumentar el riesgo de ingreso hospitalario y mortalidad

Por eso es importante que estos pacientes tengan a mano su medicación habitual, como inhaladores, y el tratamiento adicional que puedan necesitar si empeoran

Efectos inmediatos y daños ocultos

A corto plazo, lo más habitual es notar tos, irritación de garganta y ojos llorosos. Si la exposición es intensa o prolongada, pueden aparecer dificultad para respirar, opresión en el pecho y mareo. Esos síntomas pueden indicar que las vías respiratorias se están cerrando y requieren atención médica urgente

El impacto no se limita a los pulmones. Parte de las partículas y los gases pueden pasar a la sangre y desencadenar inflamación en otras zonas del organismo. En los días posteriores a la exposición aumenta el riesgo de infarto, arritmias e ictus

Un riesgo que puede durar

La exposición al humo de incendios también se ha relacionado con más infecciones respiratorias y con un peor estado de la función pulmonar a largo plazo. En algunos casos, las secuelas pueden prolongarse durante años

Además, el humo procedente de incendios puede ser más dañino que otros episodios de mala calidad del aire, porque mezcla partículas finas con sustancias tóxicas y potencialmente cancerígenas. La evidencia disponible apunta también a un aumento de la mortalidad a corto plazo tras grandes incendios

La recomendación final no cambia: permanecer en interiores, reducir al mínimo la actividad física al aire libre y usar mascarilla FFP2 si es imprescindible salir, siempre siguiendo las indicaciones de las autoridades sanitarias