El calentamiento del Pacífico está alterando la actividad pesquera frente a Ecuador. Algunas especies comerciales se han desplazado hacia zonas más profundas o más alejadas de la costa, mientras los pescadores artesanales enfrentan otro problema dentro de sus propias redes: la expansión de la jaiba mora, un crustáceo que daña las capturas y puede dejar inutilizados los aparejos
En Santa Elena, pescadores del puerto de Santa Rosa aseguran que ahora deben navegar mucho más lejos para encontrar ciertos peces. Faenas que antes se hacían a unas 70 millas del litoral pueden extenderse hasta unas 150 millas, con varias horas adicionales de viaje, mayor gasto de combustible y menos producto al regreso
Menos oferta y precios más altos
Las especies más afectadas incluyen la albacora y el picudo. En ese mismo puerto, comerciantes reportaron que la libra de albacora, que semanas antes se vendía entre USD 1,10 y USD 1,30, pasó a ubicarse entre USD 2 y USD 2,20. Ya fileteada y enviada a otros puntos de venta, puede rondar los USD 5 por libra
La presión también alcanza a la pesca industrial. Rafael Trujillo, director ejecutivo de la Cámara Nacional de Pesquería, advirtió que varias capturas han caído y describió un panorama complicado para el atún y los pequeños pelágicos. Según explicó, el mar está alrededor de 2,5 grados centígrados por encima de lo habitual, lo que empuja a los peces hacia aguas más frías y profundas
La jaiba mora invade las redes
Mientras unas especies se alejan, otras se multiplican. Desde comienzos de 2026, el Instituto Público de Investigación de Acuicultura y Pesca ha seguido una proliferación inusual de jaiba mora frente al litoral ecuatoriano, con focos importantes en Manabí y Esmeraldas
El problema aparece cuando el crustáceo entra en grandes cantidades en redes pensadas para otras especies. Las jaibas se enredan, arruinan las capturas y pueden romper por completo los paños. Un estudio del instituto concluyó que cerca del 92 % de las redes reportadas quedó totalmente enredado o destruido
En una primera evaluación, realizada entre febrero y marzo, el 66 % de los pescadores encuestados dijo además haber perdido todo el producto capturado. La afectación se sintió con fuerza en Manabí y Esmeraldas, aunque también hubo reportes en Santa Elena, Guayas y El Oro
Daños extendidos en la costa
En Esmeraldas, organizaciones pesqueras estimaron en el primer trimestre que unas 500 personas sufrieron pérdidas por la presencia del crustáceo. Dirigentes de Súa calcularon daños de hasta USD 3.000 por embarcación en algunos casos
Datos divulgados en agosto, a partir de un informe del instituto, indicaron que el 87,8 % de los pescadores estudiados reportó caídas de entre el 75 % y el 100 % en sus capturas habituales. La jaiba llegó a representar hasta el 90 % de lo recogido en ciertas faenas y el 86 % de los ejemplares analizados tenía huevos, una señal de actividad reproductiva en aguas ecuatorianas
La especie ya había aparecido antes en episodios de calentamiento del Pacífico. La diferencia en 2026 es la magnitud de los daños y su coincidencia con el refuerzo de las condiciones asociadas a El Niño