Agustín Añó, el médico mendocino que manejaba la camioneta que ingresó a la Pampa del Leoncito, en San Juan, se presentó ante la Justicia y hizo su descargo por el daño ambiental provocado en la planicie

Según explicó el juez de Paz de Calingasta, Andrés Troche, el conductor afirmó que no conocía las condiciones para acceder al lugar y señaló que no había señalización suficiente. El magistrado respondió que en los accesos hay indicaciones sobre qué actividades están permitidas, cuáles están prohibidas y bajo qué condiciones se puede circular

La versión del conductor

Troche indicó que, en su declaración, Añó también mencionó la oscuridad y la presencia de agua sobre la superficie como factores que habrían incidido en lo ocurrido. De acuerdo con el juez, el médico siempre estuvo en libertad y no tuvo restricciones desde el juzgado de paz

La causa seguirá su curso bajo el Código de Faltas y Contravenciones de San Juan. El objetivo será establecer si hubo daño, cuál fue su magnitud y qué responsabilidades corresponden. La sanción podría llegar a $1.000.000, según indicó el magistrado

Una huella que todavía no se puede borrar

Mientras se elaboran los informes técnicos, la Toyota Hilux permanecerá en el mismo lugar en el que quedó enterrada. La decisión busca evitar que una maniobra de extracción genere nuevas marcas en una superficie con acumulación de agua

La intervención de la Dirección de Patrimonio fue solicitada para que sus especialistas determinen la existencia del daño, su gravedad y las posibilidades de sacar el vehículo. Hasta entonces, la camioneta seguirá bajo custodia de Gendarmería Nacional, en coordinación con la Policía de San Juan

De acuerdo con los datos conocidos del caso, Añó avanzó cerca de 1,5 kilómetros dentro del sector restringido antes de quedar atrapado. En sus intentos por salir, retrocedió entre 200 y 300 metros y dejó surcos de hasta 25 centímetros de profundidad. Luego bajó una moto que llevaba en la caja y se retiró con ese vehículo, dejando nuevas marcas sobre la planicie

Como referencia, en un caso previo se estimó que huellas de unos 10 centímetros pueden tardar entre 40 y 60 años en desaparecer de manera natural. Por eso, el intendente de Calingasta, Sebastián Carbajal, calculó que este daño podría extenderse hasta 100 años, aunque aclaró que no es especialista en la materia