En el corazón del casco histórico de Zagreb, Croacia, un museo recibe a sus visitantes con una propuesta tan íntima como universal: conservar los restos materiales de las relaciones terminadas. El Museo de las Relaciones Rotas (Muzej prekinutih veza, en croata) abrió sus puertas de forma permanente en 2010 en el Palacio Kulmer, y desde entonces ha recibido a más de un millón de personas de todo el mundo

Un museo nacido de una ruptura real La historia del Museo de las Relaciones Rotas tiene su propio origen sentimental. Según informa el sitio oficial del museo en brokenships.com, todo comenzó en 2003, cuando la productora de cine Olinka Vištica y el escultor Dražen Grubišić pusieron fin a su relación de cuatro años y, entre bromas, imaginaron exponer los objetos que habían quedado atrás

Tres años después, Grubišić retomó la idea en serio: convocaron a amigos para que donaran piezas de sus propias rupturas, y la colección tomó forma. La primera versión fue una muestra itinerante que recorrió el mundo antes de encontrar sede fija en la capital croata

Lo que distingue al museo de cualquier otra institución cultural es su colección. De acuerdo con el portal oficial del museo, el acervo supera actualmente los 3.500 objetos, todos donados de forma anónima por personas de distintas partes del mundo

Cada pieza está acompañada por un breve texto escrito por el propio donante, que relata la historia detrás del objeto. Por limitaciones de espacio físico, no todos los objetos se exhiben al mismo tiempo

Los objetos que cuentan lo que las palabras no pueden Entre las piezas más recordadas figura el llamado “hacha del ex” (Ex-Axe): una mujer donó el hacha que usó para destruir los muebles de su pareja infiel, junto con un relato sobre la rabia y la necesidad de cerrar ese capítulo. También forma parte de la colección un par de piernas ortopédicas, cuya historia cuenta que la novia de un veterano de guerra lo ayudó a recuperarse y a caminar de nuevo, pero él la dejó una vez que recobró la independencia

Otro objeto frecuentemente citado por visitantes y medios es un frasco de lágrimas, literalmente el resultado de recolectar el llanto de un período de duelo tras una ruptura. El espacio no se limita a las rupturas románticas

Las donaciones abarcan todo tipo de vínculos rotos: amistades, relaciones familiares e incluso lazos políticos. La diversidad de objetos —desde electrodomésticos y juguetes hasta cartas manuscritas y teléfonos celulares— refleja la amplitud del concepto que los fundadores quisieron explorar

Reconocimiento internacional y expansión global El reconocimiento internacional no tardó en llegar. En 2011, el museo recibió el Premio Kenneth Hudson, que otorga el Foro Europeo de Museos a la institución más innovadora del continente, según consta en los registros del European Museum Forum

El galardón subrayó tanto el impacto emocional del proyecto como su forma original de contar historias. La dimensión global del museo creció con el tiempo

La exhibición itinerante original visitó 68 ciudades en 35 países, entre ellas Tokio, San Francisco, Berlín, París, Londres y Shanghái, según documenta el sitio oficial brokenships.com. En noviembre de 2024, el proyecto dio un paso más y abrió su segunda sede permanente en Chiang Mai, Tailandia

Funciona todos los días, en el barrio histórico de la ciudad, con horario extendido hasta las 22:00 horas durante el verano. La entrada cuesta 9 euros para adultos (con descuentos para estudiantes, personas con discapacidad y mayores de 65 años), según indica el propio museo, e incluye acceso a la tienda y a la cafetería

El sitio web oficial ofrece una versión virtual donde los donantes registrados pueden subir imágenes y documentos, y decidir si quieren compartir sus historias con otros usuarios