Un cambio en el Pacífico que se siente lejos

El Niño y La Niña son las dos fases del mismo fenómeno climático, conocido como El Niño-Oscilación del Sur. Nace en el Pacífico ecuatorial y, cuando cambian la temperatura del mar y la circulación de los vientos, sus efectos pueden sentirse a miles de kilómetros

En Argentina, la señal más habitual de El Niño es un aumento de las lluvias en el centro y el noreste del país, sobre todo en primavera y verano. Después de varios años de sequía, ese escenario puede parecer una buena noticia. Lo es, en parte. Pero si el suelo ya está saturado, más agua no siempre se traduce en beneficios

Más humedad, pero también más riesgo

Para el campo, la recuperación de la humedad del suelo puede favorecer cultivos como soja, maíz y trigo, además de mejorar las pasturas para la ganadería. Sin embargo, cuando las lluvias se acumulan, también crece el riesgo de anegamientos en cuencas como las de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, y en zonas bajas y ribereñas

El problema no siempre es una tormenta extrema, sino la sucesión de precipitaciones que deja poco margen para que el agua drene. Eso puede complicar la siembra, la cosecha y el ingreso de maquinaria a los lotes. Buenos Aires, el Litoral y el noreste figuran entre las zonas que deben seguir de cerca la evolución de las lluvias y de los ríos

El exceso de agua también afecta al jardín

En una escala más chica, algo similar ocurre en la huerta o en las macetas. Cuando el sustrato permanece mojado durante demasiado tiempo, las raíces reciben menos oxígeno y aumenta el riesgo de pudrición, sobre todo en especies que prefieren suelos secos, como cactus, suculentas, lavanda o romero

Las hojas húmedas por varios días favorecen además la aparición de hongos. Y después de las lluvias suelen multiplicarse caracoles y babosas, especialmente de noche, con daños visibles en plantines y brotes tiernos

Qué conviene hacer ahora

En el campo, una de las claves es revisar el drenaje de los lotes, limpiar canales y desagües, identificar las zonas donde se junta el agua y ajustar las decisiones de siembra según cada situación

En casa, alcanza con medidas simples: comprobar que las macetas tengan agujeros de drenaje, evitar el agua acumulada en platos, regar menos si llueve seguido, retirar hojas secas y mejorar la circulación de aire entre las plantas. Si alguna especie es muy sensible al exceso de agua, conviene resguardarla bajo techo

También hay una precaución importante: un pronóstico estacional no indica con exactitud qué pasará día por día. El Niño puede aumentar la probabilidad de lluvias, pero no permite saber dónde caerá cada tormenta. Por eso, esas previsiones deben complementarse con la información de corto plazo

Después de años de sequía, volver a pensar en el exceso de agua puede sonar extraño. Pero ese es el desafío: aprovechar la recuperación de las lluvias sin olvidar que demasiada agua, demasiado rápido o en el lugar equivocado, también puede convertirse en un problema