Atados con cuerdas a otros integrantes de la expedición y guiados por la luz de las linternas frontales, los montañistas avanzan entre las grietas del glaciar Lys. El objetivo está en lo alto del macizo del Monte Rosa, entre Italia y Suiza
Después de varias horas de marcha, la cumbre de Punta Gnifetti aparece entre la nieve y las nubes. Allí, al borde de un precipicio, se distingue una construcción metálica de tres plantas: el Rifugio Capanna Regina Margherita, considerado el edificio ubicado a mayor altitud de Europa
Un refugio con historia real
El refugio está situado a 4554 metros sobre el nivel del mar. Se encuentra en Punta Gnifetti, también conocida como Signalkuppe, uno de los picos más altos del macizo del Monte Rosa
El edificio fue creado como refugio para montañistas y centro de investigación científica. Su nombre homenajea a Margarita de Saboya, reina de Italia, quien participó personalmente de la inauguración en 1893 y pasó allí la noche
Más de un siglo después, el lugar continúa vinculado con la investigación y recibe a excursionistas que buscan dormir en uno de los puntos más elevados del continente. Cada año, unas 30.000 personas llegan hasta la cumbre y alrededor de 4000 pasan la noche en el refugio
Dos días de ascenso sobre hielo y roca
La ruta habitual comienza en Alagna Valsesia, un pueblo de montaña italiano ubicado en las laderas del Monte Rosa. Desde allí, varios trayectos en teleférico llevan a los visitantes hasta Punta Indren, donde comienza la caminata
La primera jornada incluye poco más de una hora de marcha sobre roca y hielo hasta el Rifugio Città di Mantova, construido debajo del inicio del glaciar Lys. Allí los expedicionarios pasan la noche para iniciar la aclimatación
La salida del día siguiente comienza cerca de las 4 de la mañana. Los montañistas se colocan los crampones, se atan con cuerdas y avanzan sobre el glaciar para reducir el riesgo de caer en una grieta
El recorrido exige subir desde unos 1200 hasta los 4554 metros en apenas dos días. Por eso, la adaptación progresiva a la altura resulta fundamental. El frío, la falta de oxígeno y el terreno irregular pueden convertir el tramo final en la parte más exigente de la travesía
Tras cruzar el glaciar y superar una cresta, el grupo comienza el ascenso definitivo. El camino avanza en zigzag junto a una pendiente que desaparece entre la bruma. Al alcanzar la cima, el paisaje se abre sobre una sucesión de picos cubiertos de hielo
Una noche entre nieve y viento
Desde el exterior, el refugio parece una estrecha estructura metálica suspendida sobre la montaña. En el interior, sin embargo, ofrece un ambiente protegido, con un comedor en la planta baja y dormitorios compartidos en los niveles superiores
Las habitaciones cuentan con literas y pueden alojar a varias personas. La convivencia es estrecha: los visitantes comparten dos baños sin ducha y dependen de los suministros que llegan en helicóptero
Las tormentas pueden hacer vibrar el edificio y aislarlo por completo. Cuando el clima impide los vuelos, la llegada de alimentos y otros productos debe esperar hasta que las condiciones mejoren
A pesar de las limitaciones, el refugio ofrece comidas y bebidas calientes, además de una experiencia difícil de encontrar en otro lugar. Durante una de las estancias, un frente meteorológico cubrió la montaña de nubes y aguanieve, mientras los visitantes se reunían en el comedor común
La altura también puede afectar a los excursionistas. Algunos padecen dolores de cabeza y náuseas durante el ascenso, especialmente cuando no lograron aclimatarse de manera suficiente
El esfuerzo compartido, las condiciones extremas y la presencia de personas de distintos países terminan creando un fuerte sentido de compañerismo. En la cima del Monte Rosa, el refugio no solo permite pasar la noche en un sitio extraordinario: también reúne a quienes aceptan el desafío de llegar hasta allí