Conservar la mirada en los troncos y la maleza es parte de la rutina. En Dryandra, en el extremo suroeste de Australia, los equipos de monitoreo recorren el bosque en busca de un animal esquivo y diminuto: el numbat, un marsupial rayado que estuvo al borde de desaparecer

La búsqueda se volvió un símbolo de resistencia. Tras años de seguimiento, control de depredadores y cría en cautiverio, la especie logró salir de la categoría de peligro de extinción y hoy figura como casi amenazada. En todo el país quedan alrededor de 3000 ejemplares, y en Dryandra su población se multiplicó por diez

Un país rico en vida, pero golpeado por la pérdida

Australia alberga una biodiversidad única: más del 80% de sus especies no vive en ningún otro lugar. Pero también carga con una de las tasas de extinción más altas del mundo. Investigadores sostienen que al menos 100 especies de plantas y animales ya se perdieron para siempre, aunque la lista oficial del gobierno reconoce 67

La presión sobre la fauna y la flora proviene de muchos frentes. La expansión urbana, la agricultura, la minería y la tala reducen el hábitat disponible. A eso se suman especies invasoras como zorros, gatos, conejos, sapos de caña y hormigas rojas, además de enfermedades como la clamidia en koalas y el hongo quítrido en anfibios

El cambio climático agrava todo el cuadro. Las temperaturas extremas afectan a especies que no pueden adaptarse, mientras incendios e inundaciones destruyen ecosistemas enteros y dejan poblaciones aisladas en fragmentos cada vez más pequeños

La conservación pelea con menos recursos que daños

En Dryandra, voluntarios y especialistas trabajan con un método preciso: registran avistamientos, toman coordenadas, miden distancias y calculan densidades poblacionales para saber cómo evoluciona la especie. También ayudan la cría controlada y la liberación de animales nacidos en cautiverio, aunque el control de depredadores y la restauración del hábitat siguen siendo costosos y difíciles de sostener

Los conservacionistas advierten que el problema no es solo técnico. Sostienen que la protección ambiental recibe muy menos dinero del que necesita, mientras continúan subsidios a actividades que presionan la naturaleza. También señalan que, pese a nuevas leyes y promesas de frenar la pérdida de biodiversidad, sigue faltando decisión política para aplicarlas con firmeza

El numbat ofrece una excepción valiosa, pero no una solución completa. Su recuperación demuestra que las intervenciones funcionan cuando hay constancia, fondos y tiempo. La advertencia, sin embargo, permanece: una especie puede mejorar y aun así volver a caer si el esfuerzo se interrumpe