En la madrugada del 18 de marzo de 1990, el Museo Isabella Stewart Gardner de Boston sufrió uno de los golpes más célebres y desconcertantes del mundo del arte. Dos hombres, disfrazados de policías, entraron al edificio tras convencer a los guardias de que respondían a una emergencia
En apenas 81 minutos, inmovilizaron a los empleados, los dejaron esposados en el sótano y se llevaron 13 piezas de enorme valor artístico e histórico. Con el paso de los años, el botín fue valuado en cerca de 1000 millones de dólares
Entre las obras robadas estaban El concierto, de Johannes Vermeer, considerada la pintura sin recuperar más valiosa del mundo, y Cristo en la tormenta en el mar de Galilea, de Rembrandt, el único paisaje marino del artista holandés
Un daño imposible de reparar
El saqueo no solo implicó la desaparición de las piezas. Los ladrones cortaron los lienzos de sus bastidores con cuchillas, una maniobra brusca que pudo afectar de forma irreversible el estado de conservación de las obras durante su ocultamiento
Una pesquisa sin cierre
Más de tres décadas después, la investigación sigue formalmente abierta, aunque sin resultados concretos. En un primer momento, las sospechas recayeron sobre Rick Abath, el guardia que permitió el ingreso de los falsos agentes. Sin embargo, las autoridades no hallaron pruebas de una colaboración intencional
Abath, que murió en 2024 a los 57 años, siempre negó haber facilitado el acceso al museo mediante alguna señal previa
La pista de la mafia de Boston apareció desde el inicio como línea principal de trabajo. En ese entramado aparecieron nombres como Robert Gentile, David Turner y Bobby Donati, todos vinculados durante años al expediente. En allanamientos a Gentile se encontró una lista con posibles precios de venta en el mercado negro, aunque las pinturas nunca aparecieron
También circuló la versión de la viuda de Robert Guarente, quien aseguró en 2010 que su marido había entregado las obras a Gentile para que las custodiara. Gentile negó esa acusación hasta su muerte, en 2021
Pistas que no encajan
Uno de los elementos que más alimentó las teorías es la selección de los objetos robados. Los ladrones dejaron atrás piezas de mayor valor, como un Tiziano, pero se llevaron objetos mucho menos relevantes, entre ellos un águila napoleónica de bronce y un jarrón chino de bronce
Ese criterio, sumado a la ausencia de alertas internas en la Sala Azul durante el robo de Chez Tortoni, de Édouard Manet, reforzó durante años la hipótesis de que el arte pudo haber sido usado como moneda de cambio para obtener beneficios judiciales o libertades carcelarias
Los marcos vacíos
Hoy el museo mantiene colgados los marcos vacíos en las paredes, como manda la voluntad de su fundadora y como recordatorio visible de lo que falta. Además, ofrece una recompensa de 10 millones de dólares por datos que permitan recuperar las obras, la cifra más alta que una entidad privada ha prometido en un caso similar
A 36 años del asalto, el paradero de las piezas sigue siendo uno de los grandes enigmas pendientes del arte mundial