ATENAS, Grecia. El calor extremo y la masiva afluencia de visitantes están cambiando la escena en la capital griega: en las calles que conducen a la Acrópolis abundan hoy los sombreros de ala ancha, las gorras de béisbol y los modelos tipo bucket

En pleno verano, los puestos y tiendas del centro de Atenas exhiben más mercadería para protegerse del sol. Muchos turistas pasan horas en temperaturas que rondan los 30 grados altos, con poca sombra y una demanda tan alta que no todos pueden elegir horarios tempranos para visitar los sitios históricos

Más protección frente al sol

La Acrópolis recibió unos 4,6 millones de visitantes en 2025, un récord para el turismo griego. Pese a las temperaturas sofocantes, la cifra récord de 38 millones de visitantes del año pasado confirmó el peso del turismo y la presión sobre la protección frente a la radiación solar

Incluso un caballo de carruaje al pie del monumento se sumó a la escena veraniega con un sombrero marrón adaptado para sus orejas. Entre los turistas, la prevención también gana espacio. “Necesitas un sombrero. Ya estoy rojo de por sí”, dijo un visitante australiano. “Ahora es algo más común y la gente está más consciente”

Ventas en alza y oficio renovado

En la plaza Syntagma, vendedores de kioscos aseguran que las ventas de sombreros han aumentado en los últimos años. Los modelos más turísticos cuestan hasta 20 euros, mientras que los más baratos salen 6 euros. También se consiguen piezas de fabricación masiva hechas con pulpa de papel comprimida

En un taller subterráneo, una sombrerera convierte trenzas de paja en boinas y otros modelos con prensas y moldes centenarios. Sus piezas arrancan en unos 50 euros y los diseños más elaborados superan los 100

Para las campañas de salud, el cambio es bienvenido. Voluntarios de la Cruz Roja reparten en la Acrópolis kits con protector solar, agua, folletos informativos y gorras rojas, en un intento por reducir el riesgo de insolación y la exposición a los rayos ultravioleta

“La actitud de la gente hacia los sombreros ha cambiado”, resume la artesana. “Antes, una mujer joven se probaba uno y se reía frente al espejo. Ahora se lo toma en serio y sale con él puesto”