Las mañanas frías y los cielos cubiertos de la primavera pueden explicarse, en parte, por la presencia persistente de nubes sobre el centro de la Argentina. Según el especialista en Ciencias Ambientales Inti Bonomo, estas condiciones están vinculadas con los efectos de El Niño

El fenómeno implica el calentamiento de una zona del océano y puede alterar procesos oceánicos y atmosféricos. Entre sus consecuencias se encuentra un mayor aporte de humedad hacia la región, lo que favorece la formación de una extensa cobertura nubosa

Por qué las nubes pueden sostener el tiempo fresco

La nubosidad reduce la cantidad de radiación solar que llega a la superficie. Parte de los rayos se refleja y no alcanza a calentar el suelo, por lo que el ascenso de las temperaturas puede demorarse

Esta situación permite que un aumento de la temperatura global coincida con jornadas más frescas en una región particular, como el centro del país. El efecto es comparable a la diferencia entre una superficie clara, que refleja más radiación, y una oscura, que absorbe más energía

Sin embargo, la presencia de nubes no descarta la llegada de temperaturas más elevadas durante los próximos meses

Diciembre sería el momento de mayor intensidad

El calentamiento oceánico asociado con El Niño todavía estaría en una etapa de crecimiento y podría alcanzar su mayor intensidad en diciembre. Se trata de una proyección sujeta a cambios, por lo que también será importante observar cuándo comienza el descenso y con qué velocidad se produce

El pico del fenómeno no equivale necesariamente al mes más frío o al período con más lluvias en cada localidad. Se refiere al máximo de la anomalía positiva de la temperatura del océano, a partir del cual ese calentamiento comienza a disminuir

La respuesta de la atmósfera puede prolongarse después de ese máximo. La humedad incorporada durante el desarrollo del fenómeno podría continuar influyendo, al menos, hasta febrero, marzo o abril

El posible efecto durante el verano

Además de reflejar parte de la radiación solar durante el día, las nubes pueden dificultar la pérdida del calor que ya ingresó en la superficie. Ese mecanismo podría moderar las diferencias entre los momentos de mayor calentamiento y aquellos en los que el suelo pierde energía

Por eso, un máximo del calentamiento oceánico en diciembre no implicaría un cambio inmediato de las condiciones atmosféricas en la Argentina