NUEVA YORK.– El Partido Demócrata recuperó la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de mitad de mandato, además de imponerse en estados tradicionalmente republicanos como Kansas, Texas y Carolina del Sur. Para Hakeem Jeffries, líder demócrata en la Cámara y posible próximo presidente de ese cuerpo, el resultado demuestra que Estados Unidos ha regresado
Para los aliados del país, sin embargo, la cuestión central es distinta: a qué regresa Estados Unidos y durante cuánto tiempo podrá sostener ese rumbo
Un giro electoral en un sistema cada vez más inestable
El repliegue estadounidense contribuyó al deterioro del orden internacional creado por Washington. Esa dinámica se combinó con el comportamiento de Rusia como Estado canalla y con la negativa de China a liberalizar sus sistemas político y económico
El movimiento MAGA canalizó el creciente rechazo de sectores de la sociedad estadounidense a la participación exterior del país. La desigual distribución de los beneficios de la globalización y el descontento por las guerras fallidas en Medio Oriente debilitaron la idea de que Estados Unidos debía ejercer el liderazgo internacional
La inestabilidad también respondió a los cambios bruscos de la política interna. Con estos comicios, 12 de los últimos 14 procesos electorales celebrados en 26 años implicaron un cambio de partido en alguna rama del Gobierno, frente a siete de cada 20 elecciones durante los 40 años anteriores
La polarización y el debilitamiento de la tradición bipartidista en política exterior favorecieron virajes repentinos. Entre ellos estuvieron las entradas y salidas del Acuerdo de París y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, además de la decisión de Trump de abandonar el acuerdo nuclear con Irán firmado durante la administración de Barack Obama
Los aliados buscan reducir su exposición
Europa fue una de las regiones más afectadas por la falta de continuidad. Durante la presidencia de Biden, los líderes europeos recibieron el mensaje de que Estados Unidos había vuelto, pero también expresaron dudas sobre cuánto duraría ese compromiso
Tras el regreso de Trump a la Casa Blanca luego de las elecciones de 2024, sus cuestionamientos sobre la OTAN, las amenazas relacionadas con Groenlandia y sus negociaciones con Vladimir Putin reforzaron la percepción de que Washington no era un aliado previsible
Los países europeos no buscaron romper sus vínculos con Estados Unidos, sino limitar los riesgos. Alemania modificó sus normas de deuda pública para destinar más recursos a la reconstrucción de sus Fuerzas Armadas
En Medio Oriente, Arabia Saudita, Turquía y Pakistán formaron el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca. En el terreno económico, Canadá procuró profundizar sus relaciones con China y con la Unión Europea, mientras que la Unión Europea avanzó en acuerdos con el Mercosur y la India
Más controles, pero sin un retorno asegurado
El avance demócrata fue recibido con alivio por varios aliados, debido a la mayor disposición del partido a respaldar las instituciones internacionales. El control demócrata de las comisiones de Relaciones Exteriores del Senado y de Asuntos Exteriores de la Cámara permitirá recuperar mecanismos legislativos de supervisión sobre la administración de Trump
Ese cambio, no obstante, difícilmente detendrá las políticas de línea dura hacia Irán, Cuba y Venezuela. Un giro hacia un enfoque más multilateral podría quedar postergado hasta después de 2028 y dependería de la elección de un candidato menos unilateral, republicano o demócrata
Incluso en ese escenario, Estados Unidos enfrenta una división política persistente, restricciones fiscales crecientes y el ascenso de China. Esos factores limitarían su capacidad y su voluntad para recuperar un liderazgo mundial indiscutido
El día posterior a las elecciones, el vicepresidente JD Vance atribuyó las derrotas republicanas a la guerra con Irán. Sus declaraciones alimentaron especulaciones sobre una posible reducción de futuros ataques en favor de la negociación
Las victorias demócratas pueden marcar el comienzo del final de la política exterior de “Estados Unidos primero”, pero no garantizan una estrategia coherente y confiable. Para los aliados, la consecuencia es la continuidad de un mundo “G-Cero”: un orden global sin una potencia hegemónica capaz de ocupar de forma estable ese lugar