Las lentejas siguen siendo un básico en la mesa argentina. Aparecen en guisos, ensaladas y recetas vegetarianas, pero lograr su punto justo exige algo más que hervor y paciencia
Según la propuesta compartida por tres referentes de la cocina vasca, el detalle decisivo está al final de la cocción: un refrito de aceite de oliva, ajo y pimentón. Ese paso aporta sabor y mejora el resultado final
La clave está en el remate
Antes de cocinar, recomiendan usar legumbres frescas. La proporción sugerida es de 70 gramos por persona y 200 mililitros de agua por porción
El procedimiento arranca cuando termina el hervor. Primero hay que escurrir las lentejas y retirar el exceso de agua. Después, en una sartén, se calienta aceite de oliva, se agregan láminas de ajo y se suma una cucharadita de pimentón
Tras unos seis minutos, las lentejas se incorporan a la sartén para mezclarse con el refrito. Luego se mantienen a fuego medio durante tres minutos más antes de dar por terminada la cocción
El resultado puede servirse así o convertirse en un guiso con salsa de tomate y cebolla picada
Un alimento completo
Más allá de la técnica, las lentejas destacan por su valor nutricional. Cada 100 gramos en seco aportan 25 gramos de proteínas, además de hidratos de carbono complejos, fibra, vitaminas y minerales
Su consumo ayuda a generar saciedad, combatir el estreñimiento y colaborar con el control del colesterol y del azúcar en sangre. También aportan 7,5 miligramos de hierro por cada 100 gramos, por lo que resultan útiles para prevenir la anemia ferropénica
Para mejorar la absorción de ese hierro, se aconseja combinarlas con alimentos ricos en vitamina C, como morrón rojo o kiwi
Además, contienen folato o vitamina B9, clave para la formación de nuevas células y el embarazo, junto con vitaminas B1 y B6, vinculadas con el metabolismo energético, el sistema nervioso y la masa muscular