GAUR, Nepal. Kabita Mukhiya sintió durante semanas un dolor cada vez más intenso en el cuerpo y en el embarazo. Vivía en una casa de barro, en una zona rural donde ya no llegaban las trabajadoras comunitarias que antes visitaban a las embarazadas, les explicaban señales de alarma y las acompañaban al centro de salud
Cuando por fin fue al hospital, ya era tarde: su bebé había muerto y ella quedó al borde de la muerte. El caso expone el impacto que dejaron en Nepal los recortes de ayuda exterior de Estados Unidos, que desarmaron programas de nutrición, atención prenatal y apoyo a la maternidad
Un sistema más débil y más lejano
En distintas comunidades del distrito de Rautahat, los centros de salud reportan menos consultas prenatales y más complicaciones detectadas demasiado tarde. En algunos pueblos, los nacimientos y las muertes de recién nacidos comenzaron a empeorar otra vez pocos meses después de la cancelación de los programas
Antes de los recortes, equipos locales visitaban hogares, identificaban embarazos de riesgo y ayudaban a las mujeres a llegar a tiempo al hospital. Sin ese respaldo, muchas familias deben entender solas síntomas que no reconocen y decisiones médicas que no comprenden
La nutrición también retrocedió
Los efectos no se limitaron a la atención del parto. La suspensión de programas de nutrición dejó sin suplementos y sin asistencia alimentaria a embarazadas y niños pequeños. En la provincia de Kabita, la desnutrición aguda en menores de 5 años aumentó de 7,4% a 12,3% en mediciones posteriores a los recortes
La historia de Kabita refleja ese deterioro. Durante su cuarto embarazo, apenas lograba comer dos comidas pequeñas al día. Llegó tarde a los controles, no se hizo análisis clave y nadie logró explicarle a tiempo la gravedad de su cuadro
Muertes que podían evitarse
Cuando ya estaba internada, los médicos confirmaron que el bebé había muerto. Días después, Kabita sufrió una convulsión vinculada a preeclampsia y murió antes de llegar a terapia intensiva. Su caso, como otros en la región, muestra cómo la falta de controles prenatales y de diagnóstico temprano puede convertir una complicación tratable en una tragedia
Otras familias viven pérdidas parecidas. En una aldea cercana, Phula Devi dio a luz a un bebé muerto después de que nadie le explicara a tiempo que debía ir de urgencia al hospital. Los trabajadores de salud sostienen que casos como esos antes podían detectarse y frenarse
El costo humano de la interrupción
Hoy, en la casa de Kabita, quedaron sus hijos pequeños, su suegra y su tía, que intentan sostener la vida diaria con pocos recursos. La familia teme no poder alimentarlos ni cuidarlos por mucho tiempo
En esa casa ya no se escucha la voz de Kabita ni el llanto del bebé que nunca volvió del hospital. Para quienes la conocían, su muerte resume una idea dolorosa: cuando la ayuda desaparece, las consecuencias no son abstractas. Se miden en mujeres que no llegan a tiempo, bebés que no sobreviven y familias que quedan rotas