El sismólogo César Jiménez advirtió que el reciente sismo de magnitud 7,2 en Ayacucho no redujo la tensión acumulada frente a la costa peruana. Según explicó, la amenaza de un gran terremoto sigue vigente en la franja central del litoral, donde un estudio del Instituto Geofísico del Perú identificó un prolongado silencio sísmico

La zona de mayor preocupación

El especialista ubicó el mayor riesgo entre Paracas y Huarmey, un tramo que comprende Ica, Lima y Áncash. En esa área, indicó, la acumulación de energía podría dar lugar a un evento de entre 8,5 y 8,8, de acuerdo con el mapa de acoplamiento intersísmico elaborado en 2016

Jiménez remarcó que los sismos recientes en Perú, Colombia y otros puntos del Cinturón de Fuego del Pacífico no guardan una relación directa entre sí, aunque forman parte de una tendencia regional de mayor actividad sísmica

Por qué el sismo de Ayacucho no cambia el escenario

El movimiento registrado en Ayacucho se originó dentro de la placa de Nazca, a unos 100 kilómetros de profundidad. Para Jiménez, eso lo diferencia del terremoto que se espera frente al litoral, donde la energía permanece atrapada en el contacto entre la placa oceánica y la sudamericana

“El terremoto de Ayacucho corresponde a una fractura interna de la placa de Nazca. No libera la tensión acumulada en la zona de contacto con la placa sudamericana”, señaló el experto

En esa misma línea, recordó que otros eventos profundos en la región tampoco afectan la energía almacenada en la franja costera. A su juicio, los grandes terremotos pendientes en el país deben producirse en el mar o muy cerca de la línea de costa

El peso del Cinturón de Fuego

Perú se encuentra dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona que concentra cerca del 75% de los terremotos del planeta. Jiménez explicó que, en el mapa de silencio sísmico, las áreas marcadas en rojo intenso corresponden a sectores donde las placas permanecen trabadas y acumulan más energía

En el norte del país, agregó, el acoplamiento es menor y las placas se desplazan con mayor facilidad, por lo que el potencial sísmico sería inferior al de la costa central

El especialista recordó además que el último gran megaterremoto en Lima ocurrió en 1746, con una magnitud cercana a 9,0. Desde entonces, sostuvo, los sismos de 1940, 1966, 1974 y 2007 solo habrían liberado alrededor del 20% de la energía acumulada

Profundidad, daños y tsunami

Jiménez explicó que la profundidad del epicentro cambia por completo el impacto de un sismo. Dijo que, por el proceso de subducción, también se producen fallas superficiales en el continente capaces de generar movimientos moderados, de entre 5 y 5,5 grados, a profundidades de 8 a 12 kilómetros

Como ejemplo, mencionó los recientes sismos en Junín y Huancayo, que provocaron daños en infraestructuras pese a su menor magnitud

En contraste, los grandes eventos esperados sobre la costa podrían causar daños mucho mayores y además activar un tsunami. Según precisó, para que eso ocurra deben darse tres condiciones: origen marino, foco superficial de hasta 60 kilómetros y magnitud superior a siete. Un sismo de magnitud 8 o más frente a Lima podría generar ese escenario

Norte, centro y vulnerabilidad urbana

El norte costero, entre La Libertad y Tumbes, presenta un silencio sísmico menos prolongado. Por eso, dijo Jiménez, allí serían más probables terremotos cercanos a magnitud 7, menores que los megasismos proyectados para el centro y sur, aunque igualmente peligrosos

Entre los antecedentes históricos citó el terremoto de 1996 frente a Chimbote, de magnitud 7,5, que produjo un tsunami y dejó 12 fallecidos. También recordó los eventos de 1746 en el Callao y de 1868 en el sur, cuya ruptura alcanzó desde Arica hasta Marcona

En Lima, el daño potencial depende del suelo. Ventanilla, el Callao, Villa El Salvador, Villa María del Triunfo y algunos sectores de La Molina presentan suelos arenosos que amplifican las ondas sísmicas. En cambio, distritos como Jesús María, San Isidro, Lince, Miraflores, San Martín de Porres y Los Olivos tienen terrenos más consolidados o rocosos, lo que reduce el riesgo estructural

Preparación básica

Frente a las predicciones sin sustento que circulan en redes sociales, Jiménez pidió no darles crédito. Recomendó almacenar agua y alimentos para una o dos semanas, tener baterías y una radio a pilas, revisar los puntos vulnerables de la vivienda y definir un plan de comunicación familiar