Antonio Ruiz pasó a la historia con el apodo de Falucho, o Negro Falucho. Su nacimiento no está del todo definido: hay versiones que lo ubican en África y otras que lo presentan como porteño. Lo cierto es que su paso por las guerras de la independencia quedó registrado en servicio militar y en relatos que lo convirtieron en símbolo de lealtad

De Tucumán al Perú

Primero peleó bajo las órdenes de Manuel Belgrano en el Batallón de Pardos y Morenos. Participó en Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma. Más tarde integró las filas de San Martín y tomó parte en Chacabuco y Maipú, en Chile, antes de seguir hacia el Perú con el Ejército de los Andes

Su figura quedó asociada a los soldados afrodescendientes que combatieron en las campañas libertadoras. Las crónicas lo describen como un hombre de baja estatura, afable y de carácter alegre, aunque con una valentía que se imponía en el campo de batalla

El motín del Callao

En febrero de 1824, la guarnición patriota del Callao vivía una situación crítica. A los soldados se les debían varios meses de sueldo, muchos querían volver a sus hogares y crecía la tensión por la posibilidad de ser enviados a nuevos frentes de combate. En ese clima estalló un motín encabezado por dos sargentos del Regimiento del Río de la Plata

La sublevación terminó desbordada por negociaciones internas y por la intervención de oficiales realistas presos en la fortaleza. El fuerte volvió a manos españolas y se ordenó izar su bandera

La negativa de Falucho

En la noche del 6 de febrero de 1824, Falucho estaba de guardia en el torreón de Real Felipe. Al ver que iban a reemplazar la enseña argentina por la española, se negó a rendir honores al nuevo pabellón. Ante el reproche de los amotinados, respondió que podía ser malo rebelarse, pero era peor traicionar

Luego rompió su fusil contra el asta de la bandera enemiga. La reacción fue inmediata: lo hicieron arrodillar y fue ejecutado a quemarropa por cuatro tiradores. Su nombre quedó unido para siempre a la idea de fidelidad a la causa independentista

Una estatua para el recuerdo

La historia también dejó su marca en Buenos Aires. En 1897 se inauguró una estatua dedicada a Falucho, realizada en bronce. El proyecto original fue de Francisco Cafferata y la obra terminó en manos de Lucio Correa Morales, quien firmó así la primera escultura emplazada en la ciudad hecha por un artista argentino

El monumento se trasladó varias veces hasta instalarse en 1923 en la plazoleta que lleva su nombre, sobre la avenida Santa Fe, frente al Regimiento de Patricios

La duda histórica

Con el tiempo surgieron objeciones sobre la identidad del ejecutado en el Callao. Algunos investigadores señalaron que un Antonio Ruiz apodado Falucho seguía con vida años después en Lima. Otros estudios, en cambio, sostienen que sí hubo un soldado negro fusilado por negarse a honrar la bandera española, aunque quizá no haya sido exactamente el mismo hombre que la tradición consagró

Más allá de la discusión documental, la figura de Falucho quedó instalada como una de las imágenes más potentes de la gesta independentista: la de un soldado que eligió no rendirse ante la bandera del enemigo