A 30 kilómetros al sur de Villa Gesell, el Faro Querandí se levanta como una referencia imprescindible sobre la costa bonaerense. La torre mide 54 metros, tiene 279 escalones y exige entre seis y diez minutos de subida. Dos veces por semana, los suboficiales de la Armada que lo custodian ascienden para limpiar los 16 paneles de vidrio curvo y asegurar que la señal llegue nítida a los barcos que se orientan en el mar
Una reserva de dunas intactas
El faro forma parte de una reserva municipal de 5.757 hectáreas que conserva la mayor porción continua de dunas costeras del país. A lo largo de sus 21 kilómetros, el paisaje alterna médanos, acacias, mar y una fauna de alto valor ecológico. El recorrido puede hacerse a pie, aunque lo más recomendable es hacerlo en vehículos de doble tracción
El acceso desde Mar Azul avanza por una huella de arena con el océano a un lado y los médanos al otro. La entrada a la reserva está marcada por cortaderas autóctonas y por la Playa Naturista Querandí, donde entre 40 y 50 habitués practican nudismo con privacidad, sin fotografías y con fuerte énfasis en la protección solar
Fauna, restos marinos y cuidado extremo
En el camino aparecen restos óseos de ballenas varadas, que funcionan como un museo natural al aire libre. También hay una regla clave para circular: no superar los 40 km/h. La medida busca proteger a zorros, liebres y chanchos del pastizal, pero sobre todo a dos especies sensibles del entorno
El ostrero pardo vive, se alimenta y cría en estas costas durante todo el año. Como sus huevos y pichones se confunden con la arena, cada temporada se señalan los sitios críticos con elementos recogidos en la playa
La lagartija de las dunas, capaz de desplazarse en la arena, depende de médanos activos y abiertos; sus crías quedan expuestas cuando los vehículos 4x4 alteran el hábitat y facilitan la acción de jabalíes y aves rapaces
Del sandboard al faro histórico
Antes de llegar a la torre, el recorrido puede incluir una pausa para hacer sandboard sobre las laderas de arena, junto a una laguna de agua dulce y frente a la línea plateada del océano. A pocos minutos aparece el faro, casi como si emergiera de una isla de vegetación densa
Flavio van Dorssen, de Excursiones Medaland, recuerda que en los años 70 transitaba este mismo camino en moto o en jeep militar desde Villa Gesell. Décadas después tomó la posta de Rosemarie Gesell, hija del fundador de la ciudad y pionera de esta excursión
La historia del faro comenzó en 1916, cuando la Armada instaló la primera señal lumínica. La torre se construyó desde 1921 y fue habilitada el 27 de octubre de 1922. Es la edificación más antigua de Villa Gesell y fue declarada Monumento Histórico Nacional. Con sus franjas horizontales blancas y negras invertidas respecto del Faro de Claromecó, es además el quinto más alto entre los 60 faros del país
La guardia de la luz
En el predio trabajan dos equipos de tres personas que se alternan cada quince días. Reciben visitantes, cuidan las 44 hectáreas del lugar, pintan, limpian, cortan pasto y juntan leña para calefaccionar las viviendas. También controlan el sistema fotovoltaico, que alimenta las baterías y mantiene operativa la señal
De día, el faro orienta a pesqueros y buques militares por su estructura y sus colores. De noche, emite una secuencia singular: un segundo de luz y tres de oscuridad, repetido cuatro veces, seguido por un segundo de luz y nueve de apagado. Su alcance es de 18,1 millas náuticas, unos 33 kilómetros
Cuando la arena se vuelve trampa, esa luz también sirve para rescatar a conductores que quedan encajados durante la noche. En la entrada, una frase resume el sentido de la travesía: lo importante es contar con una guía para no perder el rumbo