Un salame, un poco de jamón, algo de queso. La picada suele asociarse con un momento de disfrute, pero también puede traer riesgos si se vuelve un hábito cotidiano
El foco de alarma
La nutricionista Nadia Hrycyk señaló que los fiambres forman parte de las carnes procesadas y que lo más preocupante es la carga de colorantes y conservantes que contienen. También remarcó que su consumo diario eleva el riesgo de cáncer de colon o recto, especialmente cuando se ingieren al menos 50 gramos por día
La especialista recordó que la Organización Mundial de la Salud ubicó a estas carnes en el grupo 1 de sustancias con mayor evidencia científica de relación con el cáncer, la misma categoría en la que figuran el tabaco y el asbesto
Según explicó, las nitrosaminas son uno de los compuestos vinculados con el desarrollo de la enfermedad y, además, son las responsables de la tonalidad rosada que caracteriza a este tipo de productos
La frecuencia cambia el riesgo
Hrycyk planteó que el problema no es una picada ocasional, sino la repetición. Cuanto más frecuente es el consumo de fiambres, mayor es la exposición a sus efectos adversos
Cómo compensar
La nutricionista indicó que la protección del organismo comienza en la mucosa intestinal y que para favorecerla es clave incorporar fibra. Entre las opciones recomendadas mencionó frutas, verduras, frutos secos y arroz yamaní
Consultada por la pasta fría, aclaró que no se transforma en fibra. Lo que ocurre es que el almidón se gelatiniza, por lo que el alimento no eleva tanto la glucosa en sangre
También destacó que los quesos tienen una maduración más natural que la carne procesada y sugirió sumar bastoncitos de zanahoria y aceitunas a las picadas
Para Hrycyk, la clave de una buena alimentación no pasa por temerle a todo, sino por elegir bien las fuentes de información y moderar lo que se consume con más frecuencia