Francia atraviesa una de sus mayores oleadas de disturbios de los últimos años. Las protestas antigubernamentales, que comenzaron con reclamos estudiantiles, se transformaron durante el fin de semana en episodios de vandalismo, saqueos e incendios en distintas ciudades

La violencia coincidió con una creciente tensión social por el costo de vida, el precio de los combustibles y el intento del gobierno de aprobar un presupuesto de austeridad. La crisis también profundizó el desgaste político del presidente Emmanuel Macron y favoreció el posicionamiento de Marine Le Pen de cara a las elecciones presidenciales de la próxima primavera

Una jornada multitudinaria y violenta

Más de medio millón de personas participaron el sábado en unas 110 marchas, según cifras oficiales. La CGT calculó una asistencia mayor, de alrededor de 800.000 manifestantes

En medio de concentraciones pacíficas, grupos de alborotadores vandalizaron cerca de 1500 comercios y varios símbolos del Estado. Hubo aproximadamente 2000 arrestos

Un incendio provocado destruyó gran parte del ayuntamiento de Limoges. En Marsella, personas enmascaradas irrumpieron en un edificio gubernamental y derribaron un busto de Marianne, símbolo de la República

El reclamo original de los estudiantes

Las protestas comenzaron el mes pasado entre estudiantes de secundaria disconformes con las condiciones de sus escuelas. Denuncian problemas de infraestructura, aulas superpobladas, horarios excesivos, falta de docentes y personal, y escasez de fondos

También cuestionan las plataformas estatales de admisión a la educación superior, que consideran demasiado selectivas. Los estudiantes bloquearon cientos de establecimientos y, según el gobierno, al menos 24 fueron incendiados o dañados

Desde septiembre, miles de personas fueron detenidas y más de 1000 policías, estudiantes y trabajadores de la educación resultaron heridos

Investigaciones por la respuesta policial

La actuación de las fuerzas de seguridad aumentó el enojo de los manifestantes. La fiscalía y un organismo de control policial investigan al menos 34 denuncias de presunta mala conducta durante las protestas

Entre los casos investigados figura el de un adolescente de 15 años que perdió la mano izquierda, aparentemente por la explosión de una granada aturdidora. También se analiza el caso de un joven de 14 años que sufrió mutilaciones por una granada de gas lacrimógeno disparada a corta distancia

La incorporación de sindicatos y agricultores

Durante octubre, sindicatos y otros grupos activistas se sumaron a las movilizaciones estudiantiles. Sus reclamos abarcan el deterioro de las condiciones sociales, el aumento del costo de vida y la suba de los combustibles, atribuida en parte a la guerra con Irán

Los agricultores protestan por el incremento de sus costos. También se incorporaron a los llamamientos sectores vinculados con el movimiento de los “chalecos amarillos”, que años atrás protagonizó movilizaciones contra el precio de la gasolina

Los partidos de izquierda aprovecharon la ola de protestas para expresar su rechazo al gobierno de Macron, cuyo mandato está limitado a dos períodos. El malestar recuerda además la relevancia histórica de las protestas estudiantiles de 1968, que estuvieron cerca de provocar la caída del gobierno y transformaron la sociedad francesa

Acusaciones cruzadas entre el gobierno y la oposición

El gobierno centrista y dirigentes de extrema derecha responsabilizaron a la extrema izquierda por los disturbios y señalaron especialmente a Francia Insumisa

El primer ministro Sébastien Lecornu acusó a dirigentes políticos de fomentar la desconfianza hacia la policía y afirmó que algunos participantes pertenecían a la “ultraizquierda”

Francia Insumisa rechazó esas acusaciones. Su líder, Jean-Luc Mélenchon, responsabilizó al gobierno y sostuvo que sus decisiones hicieron más probable la violencia. Lecornu no respondió a esa denuncia