Francia atraviesa una de sus mayores oleadas de protestas violentas de los últimos años. Las movilizaciones contra el aumento del costo de vida y las malas condiciones en las escuelas convivieron con enfrentamientos, saqueos y ataques contra edificios públicos
Solo el sábado fueron detenidas al menos 2.400 personas en distintas ciudades. Hubo choques con la policía, automóviles incendiados, comercios saqueados y un histórico ayuntamiento envuelto en llamas. Las autoridades también impusieron toques de queda nocturnos, mientras se anunciaban nuevas protestas
Una tradición nacida con la Revolución
La protesta forma parte de la identidad política francesa desde la Revolución de 1789. La movilización callejera es vista como una herramienta para presionar a las élites, defender libertades y construir una comunidad política, además de una forma de participación distinta del voto
Desde entonces, la historia del país alternó levantamientos populares, represión, organización colectiva y concesiones políticas. En 1871, las tropas gubernamentales reprimieron a la Comuna de París y mataron a miles de personas, según estimaciones históricas
En 1968, en cambio, las protestas estudiantiles y una huelga general llevaron al Gobierno a conceder, entre otras medidas, un aumento del salario mínimo. Décadas más tarde, los chalecos amarillos comenzaron protestando contra un aumento de los impuestos al combustible y ampliaron sus reclamos hacia el costo de vida y la desigualdad
Cuando las marchas derivan en disturbios
Las manifestaciones pacíficas suelen quedar eclipsadas por grupos que incendian vehículos, saquean comercios o se enfrentan con la policía. Durante las protestas recientes vinculadas con la educación, no quedó claro cuántas personas participaron de la marcha y cuántas se sumaron únicamente para cometer actos de vandalismo
La violencia urbana también tiene antecedentes recientes. Desde la década de 1990 se registraron sucesivas olas de disturbios, algunas desencadenadas por abusos policiales
En 2005 hubo una rebelión nacional después de la muerte de dos adolescentes que escapaban de la policía. En 2023, otra ola comenzó tras el disparo mortal de un agente contra un joven de 17 años durante un control de tránsito en las afueras de París
La desconfianza hacia la policía y el Gobierno
Organizaciones de derechos humanos y críticos del Gobierno cuestionaron el uso de lanzadores de balas de goma, conocidos como LBD, y de granadas aturdidoras. Les atribuyen lesiones graves entre los manifestantes
En las semanas previas al 17 de octubre se produjeron casi 8.000 detenciones, una cifra muy superior a las pocas decenas registradas durante una protesta estudiantil de 1998, que reunió a 500.000 personas para reclamar contra la falta de docentes y el deterioro de las escuelas
La percepción de que las autoridades no escuchan los reclamos profundiza el malestar. El intento de canalizar las demandas de los chalecos amarillos mediante una plataforma digital, conocida como el “gran debate nacional”, no logró convencer a los opositores del Gobierno
El presidente saliente, Emmanuel Macron, condenó la destrucción y afirmó que nada la justificaba. También reconoció que la sociedad francesa atraviesa sentimientos de ira y vergüenza