En la calle principal de Greenock, una nueva tienda africana vende ñame, plátano macho, okra y bagre. Es una señal visible de cómo cambió esta ciudad escocesa en pocos años: donde antes casi no se veía población negra, ahora viven cientos de africanos y refugiados
El municipio de Inverclyde, al que pertenece Greenock, quiere aprovechar ese movimiento para frenar una caída demográfica prolongada. La población local bajó en torno a 22.000 personas desde 1981 y hoy ronda los 78.000 habitantes, con una proyección de descenso adicional del 16% en las próximas dos décadas
Una ciudad que perdió trabajo y habitantes
La raíz del problema sigue siendo económica. Greenock fue durante décadas un polo industrial relevante: se ganó el apodo de “Sugaropolis” por su papel en la refinación de azúcar y también destacó por la construcción naval. Más tarde, IBM llegó a emplear a más de 5.000 personas en un campus cercano, pero ese complejo cerró en 2016
Desde entonces se acumularon más pérdidas laborales. En los últimos cuatro años desaparecieron otros 1.500 empleos, varias empresas se trasladaron y esta misma semana el astillero local anunció recortes de cerca de una cuarta parte de su plantilla. La sensación de deterioro se extendió también al fútbol local, al punto de que los hinchas del Greenock Morton impulsaron un fondo de ayuda para evitar su quiebra
La apuesta del ayuntamiento
El plan municipal busca retener a los residentes y atraer nuevos, incluidos inmigrantes con derecho legal a vivir y trabajar en la zona, además de refugiados ya reconocidos. El objetivo es sumar cientos de personas por año solo para estabilizar la población
Entre quienes llegaron hay trabajadores del sector sanitario y asistencial que se instalaron en Greenock por el costo accesible de la vivienda, aunque la mayoría trabaja o estudia en Glasgow o Paisley. Para quienes defienden la estrategia, la clave está en crear empleo local y ofrecer motivos concretos para quedarse
Expectativa y desánimo
No todos ven el mismo futuro. Entre vecinos mayores, el clima es de escepticismo. En un café comunitario cercano a la calle principal, varios recuerdan una ciudad más viva y comercial. Hoy, dicen, sobran los locales vacíos y faltan oportunidades
Una madre joven resume el problema con crudeza: casi no hay oferta laboral compatible con el cuidado de los hijos. Otros residentes advierten que no tiene sentido atraer gente si no existe una base de empleo suficiente para sostenerla
Más funerales que bautizos
La crisis también se siente en la vida religiosa y social. En una iglesia local, su pastor observa que ahora se celebran muchos más funerales que bodas o bautizos. La llegada de refugiados, cuenta, mostró otra cara del problema: muchos quieren trabajar y aportar, pero quedan atrapados en la espera y en la falta de oportunidades
Desde 2023, la llegada de personas desde el extranjero se triplicó y alcanza unas 750 por año. Junto a africanos, se asentaron refugiados de Ucrania, Afganistán, Siria, Irán y otros países. El ayuntamiento acompaña ese proceso con clases de inglés, apoyo para empleos cualificados y medidas educativas orientadas a la inclusión y el antirracismo
Apoyo, tensiones y futuro
Greenock también vivió momentos de tensión. Hubo un caso de extrema violencia vinculado a una mezquita local y una protesta frente a un hotel con solicitantes de asilo terminó con una acusación por delito de odio y agentes heridos. Aun así, en las últimas elecciones escocesas, la formación más crítica con la inmigración quedó muy relegada en Inverclyde
El liderazgo municipal sostiene que la repoblación empieza a dar resultados y que la población se estabilizó en los últimos dos años, sobre todo gracias a la inmigración. El desafío ahora es más amplio: vivienda, escuelas, empleo y un tejido urbano capaz de retener a quienes llegan
A pocos minutos de Greenock, otra localidad del mismo entorno ofrece un modelo distinto, con más comercio independiente y mejor inversión pública. Y en la propia ciudad hay vecinos que intentan convertir un viejo edificio industrial en un centro para jóvenes, con foco en ciencia, tecnología, artes y matemáticas
La apuesta de Inverclyde es poco común en un contexto de rechazo a la inmigración en parte del Reino Unido. Pero para una ciudad que perdió población durante décadas, la llegada de nuevos residentes se presenta como una de las pocas vías posibles para volver a empezar