EL CAIRO.- Cada vez que Donald Trump sugiere frenar una escalada contra Irán, en Teherán lo leen como una oportunidad. Para las autoridades iraníes, el mensaje que queda instalado es que Washington teme más el conflicto que ellos

En los últimos días, Irán y sus aliados en la región intensificaron sus amenazas sobre rutas marítimas y activos energéticos clave, mientras seguían empujando una negociación incierta con Estados Unidos. Según exfuncionarios iraníes, los mensajes intercambiados entre ambas partes dejaron en claro que Teherán no está dispuesto a ceder sin que Washington vuelva al acuerdo preliminar que había quedado sobre la mesa

Desde el entorno iraní aseguran que Trump usa la presión militar como herramienta de negociación, pero que esa táctica ya no produce el efecto buscado. Para analistas cercanos al caso, Irán concluyó que puede resistir la intimidación y responder con mayor daño si se concreta un ataque

La tensión no se limita al plano diplomático. Arabia Saudita y Qatar manifestaron inquietud por su capacidad de proteger instalaciones petroleras y gasíferas, en medio de ataques recientes en la región. También se multiplicaron las señales de que la disputa gira alrededor del control del estrecho de Ormuz y de la arquitectura de seguridad en el Golfo

Un ataque del 17 de julio contra una base estadounidense en Jordania, en el que murieron tres soldados, reforzó en Teherán la idea de que conserva capacidad de fuego y de inteligencia. El episodio, además, generó malestar interno en Jordania y derivó en reclamos para que se retiren las fuerzas estadounidenses

Al mismo tiempo, en Washington crece la preocupación por la merma de sus reservas de municiones, en especial de sistemas defensivos como los misiles Patriot. Para algunos especialistas, esa limitación reduce el margen real de una respuesta militar sostenida

En Irán, los sectores más duros se burlan de la incertidumbre de la Casa Blanca y prometen una reacción devastadora si hay un ataque. Mientras tanto, no aparecen señales firmes de que las conversaciones hayan retomado su curso

El escenario que describen varios observadores es el de un pulso cada vez más cerrado: si ninguno de los dos lados flexibiliza sus exigencias, la posibilidad de un nuevo choque armado seguirá abierta en las próximas semanas