Japón registró en julio un déficit comercial de 634.500 millones de yenes, equivalente a más de USD 4.000 millones, y sumó así su tercer mes consecutivo con saldo negativo
El resultado contrastó con el superávit de 156.284 millones de yenes anotado un año antes, según datos oficiales del Ministerio de Finanzas
Exportaciones en alza, pero insuficientes
Las ventas al exterior crecieron 23,2% interanual, impulsadas por la debilidad del yen, mientras que las importaciones avanzaron 27,8% y alcanzaron su nivel más alto para un mes de julio desde que existen registros comparables, en 1979
El comercio con China, principal socio de Japón, dejó un déficit de 775.378 millones de yenes, 27,2% más que en julio del año pasado. En cambio, con Estados Unidos el país asiático obtuvo un superávit de 280.419 millones de yenes, aunque esa cifra cayó 50,7% interanual
Frente a Brasil, el déficit fue de 50.030 millones de yenes, mientras que con Chile llegó a 129.235 millones, un aumento de 45,1%. Con México, Japón consiguió un superávit de 83.528 millones de yenes, más del doble que un año atrás. Con la Unión Europea, el saldo negativo se redujo 68,9% y quedó en 87.057 millones de yenes
La energía volvió a presionar la cuenta externa
La recuperación de los volúmenes de importación de petróleo crudo, junto con precios todavía elevados y mayores compras de crudo estadounidense más caro, empujó el valor total de las importaciones
En términos interanuales, el volumen importado de crudo subió 5,5%, su primer incremento en cuatro meses, mientras que el valor total de las compras externas se disparó 87,8%
El aumento de precios de energía y materias primas también se reflejó en las cadenas de suministro y elevó 7,2% los precios al productor en julio frente al mismo mes del año anterior
La persistencia de esa presión inflacionaria, sumada a la fortaleza exportadora, refuerza las expectativas de una nueva normalización monetaria por parte del Banco de Japón, con una posible suba de tasas en septiembre
La depreciación del yen sigue beneficiando a los grandes exportadores, pero al mismo tiempo encarece alimentos, petróleo y otros insumos importados, con impacto directo en los costos de empresas y consumidores