Antes de la televisión, la radio organizaba la vida cotidiana y también la imaginación de los chicos. En ese universo de radioteatros, música y humor, Jorge Luz fue uno de los nombres más queridos por el público
Integró Los cinco grandes del buen humor junto a Zelmar Gueñol, Rafael Carret, Guillermo Rico y Juan Carlos Cambón, y después llevó ese impacto a películas como Cinco grandes y una chica, Cinco locos en la pista y Fantasmas asustados
Una vida contada en conversación
La aparición de Nunca me la creí. Biografía conversada de Jorge Luz, de Hugo Paredero, ordena esa memoria con fotos y pasajes de una carrera que empezó temprano. La hermana del actor, Aída Luz, tuvo un papel decisivo: lo acercó a la radio y también al cine, donde cada vez que hacía falta un chico, él estaba listo para intervenir
Ya adulto, Luz amplió su recorrido sobre los escenarios. Participó en la inauguración al aire libre del teatro Caminito con Los chismes de las mujeres, dirigido por Cecilio Madanes, y trabajó allí también en montajes como Las travesuras de Scapin, La zapatera prodigiosa, Una viuda difícil, La pérgola de las flores y La verbena de la paloma
El arte de imitar sin exagerar
Su marca más reconocible fue la imitación. No solo copiaba voces: también gestos, posturas y movimientos. Podía capturar la esencia de Tita Merello o reconstruir con precisión y gracia el porte de las bailarinas clásicas, incluida Maya Plisetskaya. En escena, su cuerpo parecía transformarse por completo
Entre sus trabajos más recordados figura una escena de Abierto de 18 a 24, de Víctor Dinenzon, en la que interpreta a un profesor de baile que ensaya a solas. Esa actuación le valió un premio en el Festival de Huelva y dejó una de las imágenes más singulares de su filmografía
El público lo celebraba con risas y aplausos apenas aparecía, pero también podía conmover. Esa combinación de oficio, gracia y precisión lo volvió único. Y aun así, Jorge Luz mantuvo siempre una distancia exacta con su propio prestigio: nunca se la creyó