“¿Lo tengo? ¿Soy suficiente?” fue la pregunta que se hizo Joaquina Alderete cuando leyó que una beca exigía algo poco habitual: alto potencial. En plena pandemia, estudiaba con dificultad en la universidad y cargaba con una responsabilidad que sentía enorme: ser la primera profesional de su familia
Vivía en Villa Lugano y venía de un hogar en el que casi nadie había atravesado la escuela con continuidad. Su papá y sus tíos trabajaban en la construcción; su mamá, sus tías y varias de sus primas se dedicaban al trabajo doméstico. Para ella, dar el salto a la universidad implicaba romper un destino que parecía ya escrito
Cuando el esfuerzo no alcanza solo
El comienzo del CBC para la licenciatura en Administración la encontró desbordada. En su entorno todos preguntaban por la facultad y la alentaban, pero ella sentía que estudiaba con una presión difícil de sostener. Empezó a pensar que los jóvenes de su edad que trabajaban, pero no estudiaban, estaban mejor que ella
Un amigo del barrio le habló entonces de la Fundación BisBlick, que acompaña a jóvenes de bajos recursos y alto potencial para que sean los primeros profesionales de su familia. La organización ofrece becas, tutorías y capacitaciones. Después de varios meses de evaluación, Joaquina fue seleccionada
“Sentí que era mi lugar”, recuerda. No solo por la ayuda económica, sino también por el hecho de encontrarse con otros chicos atravesados por desafíos similares
Mirar capacidades, no carencias
La directora ejecutiva de BisBlick, Belén Ochoa, resume la lógica del programa en una idea: no se mira la vulnerabilidad, sino las competencias. La organización trabaja sobre jóvenes que terminan el secundario, quieren seguir estudiando y enfrentan barreras estructurales para hacerlo
Entre quienes tienen de 18 a 24 años y crecen en hogares pobres, el 48,2% no termina el secundario, apenas el 23,5% sigue estudios superiores y solo el 1% completa una carrera antes de los 25 años, según datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. En el mercado laboral, la exclusión también se profundiza: solo 3 de cada 100 acceden a un empleo registrado
BisBlick trabaja desde 2013. Desde entonces, unas 3000 personas se acercaron a la fundación y 702 trayectorias académicas y laborales fueron acompañadas. El proceso de ingreso incluye evaluación socioeconómica, entrevistas y dinámicas grupales para detectar potencial, entendido como comunicación efectiva, resiliencia, capacidad de abstracción, liderazgo, confianza y proactividad
Del aula al trabajo
Joaquina avanzó con apoyo económico y mentoría vinculada con el mundo de la administración. Pero el objetivo siguiente era conseguir su primera experiencia profesional. No fue rápido. Pasaron meses de intentos hasta que, en 2024, logró entrar como pasante al área de Finanzas de Danone
En la entrevista le preguntaron qué podía aportar. Ella respondió que quizás no tenía un nivel alto de inglés ni dominio avanzado de Excel, pero sí muchas ganas de aprender. Un año y dos meses más tarde quedó efectivizada
Para la organización, ese resultado confirma una idea central: cuando se abren oportunidades reales, el compromiso aparece. BisBlick informa que ya acompañó 144 pasantías y que ninguna se interrumpió antes de tiempo. De ese total, el 20% pasó a planta permanente, por encima de la media del mercado, que ronda el 13%
Un futuro que deja de pesar
Hoy Joaquina está cerca del final de la carrera: le quedan seis materias de las 30 totales. Su efectivización le permitió independizarse de la casa familiar y mudarse con su novio, aunque sigue viviendo en el mismo barrio
También cambió su forma de mirar el futuro. Ya no siente que la vida le pesa. Ahora observa su presente como una oportunidad y toma como referencia a su gerente, que también fue la primera profesional de su familia. Si ella pudo llegar, piensa Joaquina, tal vez ella también
BisBlick sostiene además un programa de intermediación laboral y acompaña actualmente a 59 jóvenes que trabajan en empresas, ya sea como pasantes o como efectivos. De quienes pasaron por la organización, 48 terminaron la universidad. En sus primeros años, la deserción rondaba el 60%; hoy bajó al 18%