A unos 4000 metros sobre el nivel del mar, Juanito construyó una vida ligada a las montañas, los animales y las tradiciones familiares. Allí, entre largas caminatas y temperaturas bajas, encontró una forma de vivir que resume en una frase: “Somos felices con la tranquilidad”

Pastor y descendiente de la cultura indígena Panzaleo, tiene seis hijos y seis nietos. Varios de ellos todavía viven junto a él y participan de la dinámica cotidiana de la familia

Una vida arraigada en el páramo

Juanito nunca sintió la necesidad de alejarse del lugar donde nació. Sus padres también eran originarios de esa zona, una razón por la que decidió permanecer allí durante toda su vida

“Aquí en el páramo viví toda la vida. Mi papá y mi mamá también nacieron aquí. Por eso no nos fuimos”, explicó

La familia habita una vivienda construida con barro y paja. Debido al frío, la leña permanece encendida buena parte del tiempo. Para dormir, utilizan colchones de paja y varias capas de mantas

La alimentación depende en gran medida de lo que ofrece el entorno. Consumen frutas y frutos cosechados por ellos mismos, además de distintos animales. Cada cierto tiempo, sin embargo, deben viajar hasta el pueblo más cercano para comprar provisiones y vender parte de su producción

El cuidado de un rebaño de 150 ovejas

Una de las principales responsabilidades de Juanito es cuidar a sus aproximadamente 150 borregos. Cada mañana los saca del corral y los conduce hacia las zonas de pastoreo

El recorrido puede durar unos 40 minutos o incluso más. Durante las caminatas, el pastor lleva consigo una flauta andina, un instrumento que forma parte de sus tareas y de las tradiciones de la región

La tranquilidad como forma de vida

A pesar de las dificultades de vivir en la altura, Juanito asegura que su familia lleva una vida tranquila. También sostiene que algunas enfermedades presentes en otras poblaciones no llegaron hasta ese lugar

“Gracias a Dios hemos vivido tranquilamente aquí”, afirmó

Su decisión de permanecer en el páramo está relacionada con la manera en que entiende la vida cotidiana. “No vivimos en un pueblo y trabajamos tranquilos. Gracias a Dios, esto es una bendición”, expresó

Entre su familia, sus animales y el paisaje que conoce desde que nació, Juanito encontró una felicidad alejada del ritmo de las ciudades