Julieta Martinelli habla con acento argentino, pero también con la cadencia de casi dos décadas en el Mediterráneo. Nacida en Godoy Cruz, Mendoza, llegó a Ceuta por una relación sentimental que después terminó, aunque allí formó su hogar, crió a su hija y levantó una academia de inglés que hoy tiene 550 alumnos y diez empleados

Una ciudad pequeña con identidad propia

Para Martinelli, Ceuta no puede resumirse en la crisis migratoria que la puso en el centro de la escena. Destaca su mezcla cultural, la convivencia cotidiana entre cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes, y el trato que recibió desde el primer día. Dice que esa diversidad atraviesa la vida diaria, desde el colegio de su hija hasta su trabajo

También subraya señales muy propias de la ciudad: las Murallas Reales, la vista del mar y la presencia de costumbres marroquíes y españolas en un mismo paisaje. Habla de la gastronomía local, de los pinchitos morunos y de la costumbre de reunirse alrededor de una "pinchitada" en lugar de un asado

Seguridad, rutina y vida al aire libre

Uno de los motivos por los que eligió quedarse es la sensación de seguridad. Asegura que en 17 años no sufrió robos y que puede salir a pasear a su perra de noche sin miedo, algo que, según cuenta, no vivía igual en Argentina. Esa tranquilidad, dice, también mejora la calidad de vida

Su rutina en Ceuta combina trabajo, vida familiar y hábitos que incorporó con el tiempo: desayunar fuera de casa, respetar el Ramadán en su academia y celebrar tradiciones locales como la Semana Santa o el Día de la Mochila, que se festeja el 1 de noviembre con una salida al monte

De clases particulares a una escuela grande

Cuando llegó a la ciudad, empezó a dar clases de inglés a los 15 días. Primero enseñó en su casa y más tarde abrió un local por falta de oferta en su zona. En 2013 dio otro paso: contrató a una profesora, alquiló un espacio más grande y comenzó a crecer hasta consolidar un proyecto que hoy considera uno de los más importantes de Ceuta

Desde su mirada, la vida en una ciudad autónoma y pequeña tiene límites, pero también ventajas. Valora que todo quede cerca, que su hija pueda hacer actividades diversas y que la comunidad le haya permitido construir un proyecto estable. Después de 17 años, dice que Ceuta ya forma parte de su identidad